López Obrador: inicia el juego del 2024

Julián Andrade.-

Andrés Manuel López Obrador está por iniciar la segunda mitad de su mandato. Es el momento en que se consolidan los cambios y se inicia la construcción de lo que será el legado. Tendrá que ir perfilando su propia sucesión, en un escenario que se le complicó.  Lo evidente es que no hay mucha tela de dónde cortar.

Las cosas no han salido como esperaba. La pandemia del Covid-19 frustró muchos de sus planes, la economía está en uno de sus niveles más bajos y las elecciones del mes pasado le arrebataron la posibilidad de cambiar la Constitución sin el acuerdo de otras fuerzas políticas.

La restauración del régimen de partido dominante que tanto añora, era difícil en 2018, pero ahora parece ya una quimera.

Hay pocos aspectos o mediciones en que las cosas estén mejor que antes y antes ya eran complicadas y difíciles.

El presidente López Obrador insiste en que triunfó en la jornada electoral, porque Morena y sus aliados contarán con la mayoría simple que se requiere para aprobar el presupuesto, para continuar con sus obras emblemáticas. No es poco, en efecto, pero ya no le alcanza para lo que alguna vez pretendió.

En seguridad se viven momentos de angustia y los cárteles de las drogas son tan poderosos como lo eran el 1 de julio, cuando una mayoría arrolladora lo colocó en la Presidencia de la República.

La seguridad es uno de sus puntos más débiles. En su descargo hay que señalar que lo es para cualquier gobierno en una situación como la que México padece, pero está empeñado en no combatir a los violentos de modo tajante.

¿Qué sigue para el presidente López Obrador? Se instalará en una especie de campaña permanente, insistirá en que hay un bloque conservador que intenta detenerlo y tratará de volver a seducir a quienes están dudando. Se los dijo, sabe que no les gusta como gobierna, pero insiste en que nunca los traicionaría.

Es un guiño para los sectores progresistas que lo apoyaron, pero le dieron la espalda en la Ciudad de México, donde muchas de sus decisiones de carácter político tuvieron un alto costo.  

Como ya no ganó el presente, al derrumbarse el contexto que haría posible la transformación que proponía, tratará de ganar el futuro, estableciendo las bases para que su partido triunfe en 2024. Eso tampoco se le puede reprochar, porque nadie obtiene el poder para querer perderlo.

Nadie sabe lo que ocurrirá, pero lo que viene será tanto o más complejo de lo que ya hemos vivido. Está ya en juego el poder mismo.

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