De votos, resultados, emociones y razón

“La ideología consiste en juntar por la fuerza ideas que no van juntas”

Raúl Flores.-

A estas alturas ya nadie ignora que estamos debatiendo y estamos votando por el proyecto de país al cual apostamos nuestras expectativas, nuestros anhelos y nuestra tranquilidad.

Y aunque ya nadie lo ignora, si debemos insistir en que el voto tiene un componente fuertemente emocional: cómo te sientes, tu expectativa o tu frustración implican en muchísimos casos cómo votas por encima de la razón .

Pero, ¿cómo se siente la población en México? Después de una pandemia, de la inseguridad, de la polarización, de la crisis económica, de la inflación, de la parálisis en el sistema de salud, de la sequía, de las inundaciones, de las tragedias como la de la Línea 12, de las ofensas de Donald Trump, del desempeño de sus gobiernos locales, de la muerte de sus familiares, de el cierre de negocios, del desempleo, de la precarización laboral, del abandono escolar, de la falta de medicinas, de la falta de vacunas….

No tengo la respuesta y este artículo no tiene el propósito de decirlo, imposible abarcar el humor y sentir

nacional en estas líneas, pero lo que sí sé es que el mundo de la política sólo roza como percepción la realidad que se vive y se conecta en la calle, en las casas, en las empresas, en el campo, en la pesera, en el maltrechometro, en la escuela virtual, etc. En esos y muchos otros lugares más las personas no detienen su vida, pero más allá de la percepción de la política sí puede trastocarles y de hecho lo hace y fuertemente.

Votar es preferir, es escoger entre opciones, nos casamos ilusionados, elegimos ser padres pensando en trascender, estudiamos una carrera buscando sustento y legado, no siempre se cumplen las expectativas pero de nuestras elecciones siempre hay consecuencias. Elegir y ser electos siempre va alterar el curso de nuestra vida y las de otros en nuestro entorno.

Votar el próximo 6 de junio tiene un significado mayor, pero la paradoja es que abundan los personajes menores en las boletas, curiosamente México puede remontar la banalización de la política rechazando la vulgaridad en las urnas, que la indecencia cueste sería un gran mensaje a la auto nombrada “clase política “, que por lo general  ni tiene lo uno, ni práctica lo otro.

En palabras del poco reconocido poeta y escritor mexicano del siglo XX, don Jorge Hernández Campos, en su magnífico poema “Padre Poder “al hablar del poder presidencial

“… Neguémosle el prestigio que atribuye
a sus propias hazañas, echémoslo de la conciencia
como a una mala yerba, pensemos
que la historia, la de verdad, es la mía
o la tuya, la de nuestra muerte,
y no esos embustes con que
él traza su
legitimidad”

Cumplamos con nuestra obligación ciudadana, pero sin que la emoción avasalle a la razón y preservemos nuestra imperfecta democracia, antes de que la oclocracia (el asalto de la muchedumbre enferma de rencor según Polibio), acabe con nuestros, e incluso sus propios  anhelos.

A preferir, que preferir es votar.

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