De nuestro fascismo light

Leonardo Báez Fuente.-

Lo que hoy escribo va a causar escozor en muchas conciencias nacionales. No me disculpo por ello.

Desde el Siglo XX, México lucha en contra del liberalismo. La estructura cerrada y excluyente de los años de Díaz siempre fue liberal y propulsora del capitalismo (aunque éste último siempre fuera de cuates), lo que hizo que México, a pesar de la durísima represión al bandidaje y a las organizaciones sindicales anarquistas y comunales en el campo, tuviera altas tasas de crecimiento económico y desarrollo industrial, agrícola  y manufacturero. La Guerra Civil de 1910 (me rehúso a llamarla Revolución) colapsó ese sistema y nunca más ha regresado.

La emisión de la Constitución de 1917, supuso un cambio ideológico hacia el pasado. Las ideas de Andrés Molina Enríquez hicieron que la propiedad privada y sobre todo, el campo, regresaran a las disposiciones de la era colonial en donde la propiedad originaria de tierras y aguas era del Rey (Perdón, “La Nación”) quien las concedía a los particulares a través del gobierno en turno. No obstante ello, los gobiernos de Carranza y Obregón, optaron por no entrar en detalles constitucionales y la ignoraron en esos aspectos porque entendían perfectamente que las ideologías son enemigas de la realidad.

Calles, el poder. Foto: INAH

Sin embargo, Calles y sus paniaguados optaron por lo contrario, causando innecesariamente la última guerra de religión en América y tratando de tomar para el gobierno de manera totalitaria el control sobre la vida del país, por ello, siguen siendo los principales sospechosos del asesinato de Obregón que era el único liberal que los podía sacar del poder.

Con esta caterva de bandidos apoyados en los partidos que se decían socialistas, crearon nuestro nazismo de chisguete conocido como el “Sistema Político Mexicano” a través del priismo que aún permea en la conciencia nacional. Una conciencia chovinista, estatista, xenófoba, con delirios de persecución creados por conspiraciones creadas por “enemigos” que cambian conforme las locuras y paranoias del líder en turno, dictatorial, burocrática, totalitaria en su control de la vida nacional, enemiga de las libertades individuales y sobre todo, sometida a lo que el líder decida sin chistar

Desde 1929 los mexicanos vivimos en este marasmo que en 1988 parecía que se autodestruía. Ahora lo volvemos a ver en su forma más descarnada y brutal. Jamás va a morir porque está metida en nuestro cerebro como una maldición.

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