Los diálogos del rechazo

Dante Pinal.-

Uno de los principales temas en las reuniones familiares, en las mesas de café, en todos los restaurantes (chicos o grandes), en los centros de reunión, es la indignación y rechazo de los capitalinos por el actuar de las autoridades dela Ciudad de México y federales, ante el colapso de un tramo de la línea dorada 12 del metro.

Toda la semana anterior (y va a seguir durante varios días) cada minuto y hora predominaba en los diálogos entre familia, amigos, parientes y compañeros de trabajo, la falta de mantenimiento, el endeble diseño, la dudosa construcción y la negligencia y corrupción que fueron denunciados por la propia Auditoria de la Federación, de la última línea del metro capitalino que se inauguro hace ya 9 años.

Ahora el miedo y tensión crece entre los habitantes de la Ciudad de México, en redes sociales envían fotos de los problemas estructurales en el metro Oceanía o las fallas  post construcción de diversos puentes vehiculares o peatonales.

Incluso los propios usuarios del metro, ya suben con temor al propio metro con temor a que se presenten fallas en los vagones o en los túneles. Un ejemplo claro es la inundación en los propios pasillos del metro La Raza, por la acaudalada lluvia del miércoles en la Ciudad de México.

A esa molestia, súmele el gran enojo hacia el propio presidente López Obrador, quien rechazo ir al lugar donde se cayo la trabé, y “¡Al carajo!” respondió molesto  cuando le preguntaron por su ausencia a Tláhuac.

“No es ese mi estilo, no me gusta la hipocresía..¡Al carajo ese estilo demagógico, hipócrita! Esto tiene que ver con el conservadurismo”, reclamo el primer mandatario.

Sin embargo quienes lamentablemente fallecieron, son parte del pueblo “bueno” que, dice una y otra ocasión, lo defiende y apoya en todas sus decisiones.

A ese grupo del pueblo noble, es al primero que tiene que cuidar, no desproteger. Son trabajadores de diversos sectores que tienen la necesidad de abordar el metro para llegar a sus centros de trabajo y a la inversa, a sus propios hogares.

¿Por qué no asistir en apoyo de los familiares? ¿Acaso el presidente tiene temor a ser rechazado de esa parte del pueblo que dice “nunca me abandona”?

¿No es más importante estar cerca del dolor de las personas que estar presumiendo que se encuentra comiendo una tlayuda en Oaxaca?

Quizá el sabor de la tortilla, el asiento, el queso, el tasajo o chorizo oaxaqueño, le ayuden a olvidar un poco lo que sucedió en el metro, cosa que no va a suceder con miles de capitalinos exigiendo se investigue se haga justicia en contra de los responsables de la falta de mantenimiento en el metro.

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