De ineficacias e ineficiencias gubernamentales

Leonardo Báez Fuente.-

Los gobiernos suelen permitirse muchas cosas durante su ejercicio, pero hay dos cosas que, teóricamente y  bajo ninguna circunstancia pueden ser: ineficientes e ineficaces. Esta regla de sentido común político no aplica en México y la tragedia de Tláhuac es el mejor ejemplo de ello.

La Alcaldía de Tláhuac es el reflejo absoluto de estas circunstancias. Solo revisar el listado de estaciones de la línea 12 del Metro de la Ciudad de México nos plantea que aquella recorre los antiguos pueblos de Iztapalapa y Tláhuac que la mancha urbana absorbió a través de la práctica de las invasiones de terrenos; así vemos que de ser una remota zona semiagrícola en los años 70 del siglo XX Tláhuac pasó a partir de los años 80 y 90 a ser tierra de unidades habitacionales creadas para reacomodar a los damnificados del terremoto de 1985, en particular de gente de los barrios bravos más afectados y creando vivienda “barata y social” en grandes cantidades.

Ahí se formó entre la idiosincrasia pueblerina, la lejanía, el aislamiento, la delincuencia como forma de vida de la gente llegada de los barrios y la estulticia gubernamental un conglomerado humano atroz. Delincuencia, pobreza, marginación, violencia constante y sobre todo la ilegalidad hacen que Tláhuac sea una comunidad sin ley aparte de la ciudad. No obstante lo anterior y con ánimos de faraón, Marcelo Ebrard decidió unir Tláhuac con la ciudad a través de una línea de Metro.

Línea 12 del Metro. Foto: ProtoplasmaKid

De la construcción y obra de la línea 12 ya se ha hablado demasiado en estos días, no soy Ingeniero Civil y no pretendo enseñar nada al respecto. Todos sabemos que fue una obra corrompida y desastrosa desde su origen y que las consecuencias de ello fueron lo que en 9 años de operación se ha demostrado y que remató en su derrumbe el 3 de mayo pasado.

Aquí se vio de manera rampante que la corrupción en las obras públicas es mortal para los usuarios, pero algo peor que ello es la ineficacia e ineficiencia de dichas obras. Nadie en su juicio hubiera criticado la obra (salvo la usual oposición) sí ésta estuviera bien hecha y fuera perfectamente funcional. Lo que vemos es la suma de la corrupción, la dejadez y la soberbia gubernamental. Así que ahora lo digo con plena veracidad: La Tragedia de Tláhuac fue causada por el Estado.

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