Siempre podemos estar peor

Eduardo Higuera.-

 El desconcierto que causaba la campaña del candidato no tenía precedente. Se había apropiado de los formatos de publicidad y marketing de producto, era irreverente, acomodaba el discurso de acuerdo con su audiencia -en la mañana hablaba de juicio a los banqueros en un mitin y en la noche de impulsar las inversiones en la asociación de banqueros-. En realidad, todo se basaba en su imagen, como de hombre Marlboro, un tipo rudo y humano que se haría cargo de solucionar todo en “15 minutos”.

Por supuesto hablo del fantoche de Vicente Fox Quesada.

Su sexenio comprobó que la mejor mercadotecnia no es garantía de buen gobierno y terminó dejando a todos con la sensación de un gobernante temeroso (“¿y yo por qué?”) que ni los apetitos de su familia política podía controlar, mucho menos un país bronco como el nuestro.

 Parecía que las campañas no podían ser peores para juzgar a un futuro funcionario público.

Casi 20 años, muchísimas campañas y varias reformas electorales después nos topamos con el uso y abuso de lo que sembró Fox en su momento. Mercadotecnia a tope, la forma sobre fondo, las propuestas al final usando en letra chiquita y el ataque descalificador de los rivales como eje comunicativo principal.

El expresidente Vicente Fox. Foto: Gage Skidmore

Los candidatos bailarines -cada uno más patético que el anterior-, los ataques -justificados los menos-, el diseño de imagen y la cerrazón absoluta de el 98% de los contendientes a los más de 21 mil cargos en juego, nos llevan a añorar que solamente fuera un candidato el que hiciera estas cosas, aunque fuera un candidato presidencial.

No importa si se trata de los discriminatorios anuncios del PES, en los que poco falta que se proponga cárcel a las personas “diferentes”, a el exdirigente #YoSoy132 que afirma que el presidente es como Jesucristo, si eres una priista reconvertida que pide disculpas un mes después de mentir con toda vehemencia al electorado sobre su actividad en una secta de trata sexual de personas.

Así podemos ver que lo que inició Fox no se ha detenido. Por el contrario, como una mortal avalancha de lodo que se desgaja de un cerro lastimado, las campañas amenazan con dejar a los ciudadanos eligiendo al menos peor entre los malos, a sabiendas de que ninguno responde cabalmente a sus intereses y necesidades.

Y apenas faltan 40 días para votar.

@HigueraB

#InterpretePolitico

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