Polarizar desde el poder

Mauricio Juárez.-

Los desmanes en Estados Unidos deben servir como ejemplo a nuestro país. Polarizar desde el poder y llamar a la confrontación es una bomba de tiempo que puede minar o destruir a las instituciones formal y legalmente constituidas.

Como dijo el presidente electo, el demócrata Joe Biden, “las palabras de un presidente son importantes”. Y así es, en Estados Unidos, en México y en todo el mundo. Los mandatarios deben asumir la responsabilidad de ser quienes cohesionen a los pueblos.

Pero en tiempos de populistas sucede todo lo contrario. Presidentes como Trump, Bolsonaro, Maduro y el mexicano Andrés Manuel López Obrador dividen a sus países entre buenos (sus seguidores) y malos (quienes no piensan como ellos).

Contra estos últimos arremeten todos los días, sean políticos, periodistas, medios de comunicación, intelectuales. Si cualquiera critica o expresa discrepancias con sus gobiernos, son atacados desde la misma presidencia.

En México, desde el punto de vista de López Obrador, no hay polarización. Es evidente que el presidente juega y busca engañar con sus palabras, pero como en sus conferencias matutinas puede decir lo que quiera, porque la mayoría de los asistentes no son reporteros, sino aplaudidores, entonces no hay quien lo confronte.

La “insurrección” en Estados Unidos tiene como origen los discursos incendiarios de Donald Trump que no acepta su derrota electoral. Los demócratas exigen su destitución, como responsable de los actos violentos del miércoles pasado.

Pero el daño a las instituciones y a la democracia estadounidense ya está hecho. El magnate sembró desde su campaña de hace cuatro años el odio y la división, lo cual acrecentó cuando buscó la reelección, hablando, desde un principio, de un fraude.

Lo sucedido en Estados Unidos debe servir como ejemplo para que en México se hagan a un lado las divisiones y confrontaciones.

Donald Trump

El presidente López Obrador debe gobernar para todas y todos los mexicanos sin rencores ni resentimientos. Debe evitar un escenario como el ocurrido en 2006 y como el de este martes en Estados Unidos.

La democracia y la viabilidad de las instituciones están en riesgo si prevalece el discurso de odio y división desde Palacio Nacional.

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