Un beso

Nav Melech.-

Gotas de lluvia se escurren sobre el cristal, reflejadas en el rostro lamentable de un joven puro y honesto. David sigue parado frente a la ventana; su respiración desesperada se dibuja frente al cristal, con marcas de dolor y las lágrimas más dolorosas que alguien pudiese ver. Por la ventana entras las luces de la ambulancia: el rojo y azul pintan el techo de colores sombríos. 

Helena se acercó a David con pasos cortos y silenciosos. Se detuvo junto a él a ver a la ambulancia alejarse rápidamente. Ella trató de acariciar su mano, él al sentir sus dedos alejó su brazo rápidamente. Helena trató de abrazarlo por la espalda, él se resistió.

David se hizo a un lado y salió corriendo al baño. Helena se mantuvo frente a la ventana, pensando las palabras que próximamente tendría que decirle al amor de su vida. No entendía cómo asimilar la situación: La ambulancia acababa de llevarse a la madre de David, a causa del Covid. 

Pasaron 36 minutos. Helena tocó a la puerta del baño: no hubo ninguna respuesta. Ella entró y vio una luz blanca, que abrazaba al cuerpo de David, que lloraba desconsoladamente sobre el inodoro. Ella le acarició la cabeza y se inclinó frente a él; limpió sus lágrimas y le tomó del rostro. Lo abrazó tan fuerte que los sollozos de David dejaron de escucharse.

Helena comenzó a cantarle, para tratar de tranquilizarlo: “…Duerme, duerme negrito, que tú mamá está en el campo, negrito. Te va a traer codornices para ti. Te va a traer muchas cosas para ti…”

David abrió su vista lentamente. Helena se mantuvo con los ojos cerrados, conteniendo el mar de lágrimas y la impotencia. Ambos se abrazaron; y olvidaron por completo al exterior, se fueron corriendo a un mundo en donde todo era diferente, en donde el miedo que sentían en ese momento no existía, en dónde David aún puede abrazar a su mamá.

David, como muchos otros mexicanos, perdieron una parte de ellos este año. Les fue arrebatado lo más importante: ese brillo y felicidad que guardan detrás de sus corazones. Para ellos: les mando un beso que retumbe en su corazón y termine en el cielo que miran con anhelo. Lo siento mucho.

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