Romo, el jefe de oficina que nunca lo fue

Mauricio Juárez.-

La renuncia de Alfonso Romo como jefe de la Oficina de la Presidencia estaba cantada desde antes del inicio del gobierno. Al ser enlace con los empresarios –y al ser uno de ellos—tenía una visión de la economía distinta a la que tiene el presidente Andrés Manuel López Obrador.

Su primer fracaso fue la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México –en Texcoco-. Había comprometido ante los mismos empresarios, con importantes inversiones en ese proyecto, que no se cancelaría.

El entonces presidente electo decidió hacer una consulta, en octubre de 2018, sin bases metodológicas y organizada por su partido, Morena. El resultado era previsible: se canceló la que sería una de las inversiones más importantes de las últimas décadas.

Romo es la antítesis de López Obrador. Está por una economía abierta en la que la iniciativa privada participe en los proyectos económicos. El presidente tiene una política de los años 70: el estado como eje rector de la economía nacional. Su error fue creer que podría hacer cambiar de opinión a su jefe.

Precisamente por eso, el empresario regiomontano no era bien visto por el ala dura del gobierno y de Morena. Personajes como Rocío Nahle, Irma Eréndira Sandoval y Octavio Romero, llevaron siempre la contra a Romo y buscaron imponer su visión paternalista.

El presidente y Alfonso Romo. Foto: cuenta de Twitter de Andrés Manuel López Obrador

Alfonso Romo estaba destinado al fracaso, porque el presidente concentra todas las decisiones, además de que no escucha a su equipo. Aquel que disienta de alguna decisión es señalado como traidor y neoliberal.

En su estadía en Palacio Nacional, nunca tuvo la fuerza de personajes como José Córdoba Montoya, con Salinas de Gortari; Ramón Muñoz, con Vicente Fox; Juan Camilo Mouriño, con Felipe Calderón, ni la de Aurelio Nuño, con Peña Nieto.

Llegó disminuido al puesto y dicen que ni siquiera atendía en Palacio Nacional. Víctima de los puros de Morena y del gobierno, dejó de tener cercanía con el presidente al grado que quedó marginado de reuniones importantes con el empresariado.

Romo ocupó la jefatura de la Oficina de la Presidencia, pero la realidad es que nunca lo fue.

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