De la denegación de la justicia

Leonardo Báez Fuente.-

Este  comentario lo escribo desde la indignación.

No es secreto en el mundo de la abogacía que en el litigio existen siempre dos pleitos, el que enfrenta a dos o más personas para determinar quién tiene el mejor derecho, en el cual los abogados somos – Como lo diría Pérez-Reverte- “honrados mercenarios”, y el segundo, que subyace en el primero: el de los postulantes contra las instancias judiciales. Los abogados estamos siempre entre la espada y la pared, es decir entre el cliente y sus requerimientos y urgencias y los empleados judiciales con su encanallada indiferencia y pachorra para hacer su trabajo. Esto en tiempos de normalidad era el diario batallar desde la trinchera, hoy hemos caído en algo mucho peor y más perverso.

Foto de Sora Shimazaki en Pexels.com

Con el inicio de la epidemia los poderes judiciales cerraron sus puertas desde el 18 de marzo pasado; por meses permanecieron cerrados impidiendo el seguimiento de los juicios que suelen ser lentísimos. Éste cierre – nunca dictado por el Consejo de Salubridad General, mismo que no se convocó en términos de la fracción XVI del artículo 73 constitucional, otorgando facultades ilimitadas a un muy limitado López Gatell- causó un retraso brutal en cuanto a dar acceso a la población a la administración de justicia,  detuvo el seguimiento de los juicios en curso, e  impidió a la población el acceso a hacer valer sus derechos ante las instancias judiciales por medio año.

El retorno a la actividad de los juzgados fue digna de cualquier obra kafkiana: filas interminables para acceder a los edificios donde se encuentran los juzgados, atención limitadísima en días especiales, acceso únicamente permitido por medio de citas  que se señalan para días y horas absurdas, la negativa a recibir nuevos juicios y demandas a través de un sistema de citas saturado que  ya no las otorga ni a las deshoras más absurdas y aunado a lo anterior, el poner al personal de los juzgados en contra de cualquier persona que se acerque a ellos, impidiendo el acceso a los expedientes; Todo en aras de “protegernos de los contagios y evitar la propagación del virus”. He visto que en cuanto se cuestiona la ineficacia de la burocracia judicial, ésta, en plena indignación, llama a seguridad para retirar al abogado que exige explicaciones.

Hoy veo lo que en mis años de litigante nunca había visto. Hoy existe la denegación de justicia a todos. Bienvenidos al terror.

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