La tarde de hace 50 años*

En 2018, con motivo de las cinco décadas del 68 escribí este texto. Lo ocurrido en Tlatelolco marcó la vida de México y de algún modo lo sigue haciendo.  

Julián Andrade.-

Este año se cumplen 50 del Movimiento Estudiantil de 1968. El medio siglo permitirá reflexionar sobre un proceso  social que marcó el futuro del país.

Acaso el momento más emblemático fue el de la tarde del 2 de octubre, donde un mitin en la Plaza de las Tres Culturas de la  Unidad Habitacional de Tlatelolco se disolvió de modo violento, con un saldo de 44 muertos, recuento que aún sigue sujeto a las más diversas polémicas.

En The National Security Archive se hizo una investigación en la que se descubrió que 34 de los cadáveres se identificaron y otros 10 no.

En los expedientes de los juicios seguidos a los líderes estudiantiles, agrupados en el proceso 262/68, se dio cuenta de los 34 homicidios, que son los que pudieron acreditar los abogados defensores. 

Más allá del saldo, lo evidente es que aquella tarde, como escribió Luis González de Alba, “tiñó la política mexicana por medio siglo”.

Esto se explica porque “la tarde del 2 de octubre, el mitin de Tlatelolco fue masacrado por francotiradores de cuerpos especializados del ejército (Batallón Olimpia y Guardias Presidenciales , de civil) y detenidos los pocos dirigentes que habíamos corrido el riesgo de asistir.”

La perspectiva histórica sirvió para dejar claro que el gobierno actúo de modo brutal y que esto marcó a generaciones enteras e inclusive determinando agendas que nos han acompañado a lo largo de estos años.

Detención de estudiantes en Tlatelolco. Archivo Histórico de la UNAM

Pero el 68 también significó una fiesta en la que se promovió una mirada distinta a la sociedad, la que requería de un arreglo político diferente, alejado de los viejos rituales y de la debilidad de las libertades democráticas.

Por fortuna, a cinco décadas, hoy contamos con un sistema de partidos y elecciones competidas, con instrumentos para proteger los derechos humanos y con una sociedad bastante activa.

Eso no había en aquellos años y por eso los estudiantes terminaron en la prisión de Lecumberri, acusados de delitos que, como el de disolución social, ya no existen en los códigos penales.  

Quizá una de las descripciones más crudas, de la cerrazón del régimen, sea la de haber tenido a algunos de los jóvenes más talentosos y comprometidos tras las rejas.

La clase política no pudo procesar las implicaciones de miles de jóvenes marchando en las calles y la proximidad de los Juegos Olímpicos hizo que se tomaran decisiones por demás equivocadas. 

Se quería mandar el mensaje de un México sin conflictos y en paz, pero se optó por la fuerza y ante la mirada, muchas veces estupefacta, de periodistas extranjeros. Oriana Fallaci, la corresponsal italiana, resultó herida en el edificio Chihuahua. 

Tlatelolco, 2 de octubre de 1968. Archivo Histórico de la UNAM

Las lecciones que provienen del 68 son un triunfo histórico de aquellos jóvenes y aunque no siempre sirva de consuelo, permite establecer pautas y consensos que delimitan las acciones de los gobiernos.

Una parte de los esfuerzos de mejoras institucionales, inclusive las que tienen que ver con las policías, viene del empuje de esas movilizaciones.

Publicado en La Razón el 5 de enero de 2018

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