Hay que parar el mundo, diría Mafalda

Julián Andrade.-

Joaquín Lavado “Quino”, a lo largo de  mil 928 tiras, hizo con el personaje de Mafalda un retrato de la clase media y observó, con una distancia inteligente, las propias convulsiones de la Argentina de los años sesenta y setenta.

Quizá por ello  Mafalda desconfiaba de los políticos, los militares y la sopa. Siete presidentes, legales y de facto,  pasaron por la casa Rosada, mientras  “Quino” dibujaba la vida de la niña, entre 1964 y 1973,  que descifraba el mundo desde Buenos Aires  y ya intuía el costo de la polarización, los fanatismos y la falta de cultura.

Leí Mafalda cuando estaba cursando los últimos grados de la escuela primaria. El humor de Quino, fino y sin arrogancias, daba pistas sobre una realidad que parecía inamovible, pero que ya iba mostrando sus grietas, las buenas y las malas, la violencia que ejercían las potencias, pero también la mágica seducción de los Beattles.  

Una de sus enseñanzas es que la inteligencia puede ser agria y divertida a la vez, que detrás de los hechos más normales se puede esconder una oportunidad para explicar problemas, para recrearlos y para guardar las providencias que  fueran necesarias.

Mafalda es universal, porque hablaba de los problemas y las preocupaciones comunes, que podían ir de la zozobra de las guerras a la urgencia de hacer los deberes, pasar los exámenes y avanzar en la escuela. Así es la vida, las pequeñas guerras son tan intensas como las grandes batallas. Por eso afirmaba: “¡La sopa es a la niñez lo que el comunismo a la democracia!”

Todos quisimos tener una amiga como Mafalda, aunque pocos padres la hubieran tolerado con los chispazos que da el contraste de la vida cotidiana frente a las informaciones trepidantes: Vietnam, Cuba, la Unión Soviética y los fantasmas del militarismo que, en Argentina, apenas ensayaban lo que estaría por venir luego de que Quino ya no dibujara más historias de la propia Mafalda, Susanita, Manolito,  Guille, Miguelito, Felipe y Libertad.

Mafalda en el fondo intuía que todo podría ser mucho más desastroso al señalar que “no es cierto que todo tiempo pasado fue mejor. Lo que pasaba era que los que estaban peor todavía no se habían dado cuenta.”

Este miércoles murió Quino, uno de los humoristas más importantes en la historia, un hombre que supo ser parte de su tiempo desde una perspectiva que en trazos nos dejó lecciones de vida.

Seguro Mafalda se está preguntando qué sigue, como detener el mundo para bajarse, aunque sepa que eso no es posible. Se fue Quino, queda una gran historia.

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