La perversidad del gobierno

Mauricio Juárez

La atención de niñas y niños con cáncer no es prioridad del gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Desde el inicio de su mandato, la escasez de medicamentos ha sido una constante. La inconformidad de madres y padres ha recibido por respuesta indiferencia y ataques desde Palacio Nacional.

Ayer tuvieron que cerrar ambos carriles de Circuito Interior, enfrente del Centro Médico La Raza, del IMSS. Exigían los medicamentos para las quimioterapias de sus hijos. Denunciaron que llevan 672 días sin que se les suministren.

El primero de julio, Beatriz Gutiérrez Müller, esposa del presidente, subió a su cuenta un tuiter un mensaje donde festejaba los dos años del triunfo de López Obrador. Un usuario le preguntó cuándo acudiría personalmente a atender a los niños con cáncer.

La respuesta fue el reflejo de lo que para este gobierno significan las niñas y los niños con cáncer: “No soy médico. A lo mejor usted sí. Ande, ayúdelos”. Más tarde tuvo que ofrecer disculpas, pero nunca se ha acercado ni a los padres ni a los niños.

El gobierno ha abierto mesas de diálogo, más para ganar tiempo que para resolver el problema. Los padres se han levantado ante la falta de respuestas. La exigencia es legítima. Las respuestas insensibles. El gobierno prefiere gastar el dinero en programas clientelares.

En el Congreso se han presentado iniciativas, puntos de acuerdo y exhortos para que se atienda a las niñas y niños con cáncer, pero la mayoría conformada por los partidos del gobierno –Morena, PES, PT y PVEM—soslayan el tema.

Photo by Karolina Grabowska on Pexels.com

Debido a la presión por el cierre de Circuito Interior, el director del IMSS, Zoé Robledo, se reunió con madres y padres de niñas y niños con cáncer. De acuerdo con un comunicado de la institución, “se acordaron diversos mecanismos para dar seguimiento a los tratamientos médicos y vigilancia de los pacientes”.

Es decir, lo mismo: nada. Ninguna solución. Ningún compromiso para suministrar con normalidad el tratamiento oncológico.

Ante la proximidad del proceso electoral de 2021, en el que López Obrador apuesta por mantener la mayoría en la Cámara de Diputados, prefiere destinar el dinero a programas que le representen votos que atender a los pequeños.

Eso se llama perversidad.

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