Los Abarca y la sociedad civil

Julián Andrade

Está en manos de la Fiscalía General de la República (FGR) el que José Luis Abarca y María de los Ángeles Pineda se queden en prisión. El amparo que les fue concedido es para que los fiscales aclaren la identidad de los testigos que los señalan en actividades de crimen organizado.

El asunto tiene su complejidad, porque muchos de los testigos no sirven de mucho, porque quienes ahora están a cargo de la indagatoria del caso Ayotzinapa, en la FGR, se dedicaron a descalificar el trabajo de la entonces PGR. Sí, cuando eran parte de la sociedad civil, su ocupación principal era sabotear el trabajo de policías y peritos.

¿Recuerdan sus festejos ante la ola de liberaciones de los implicados en las desapariciones? ¿Creyeron que era un triunfo del derecho el desacreditar los elementos y testimonios que hicieron que se conociera lo ocurrido?

Hicieron todo lo que estuvo en sus manos para vulnerar los avances en la indagatoria y ahora resulta que lo único que tienen para no hacer un ridículo monumental es el trabajo de quienes fueron descalificados.

Esto es una lección de la importancia sobre el trabajo institucional, donde las venganzas terminan por revertirse y quien al final paga el costo mayor son las víctimas de los delitos y sus familiares.

Abarca, el ex alcalde, está acusado también de mandar matar a Arturo Hernández Cardona en junio de 2013. En un suceso que impactó a la sociedad guerrerense, porque Hernández Cardona era líder de la Unión Popular Campesina Emiliano Zapata (UPREZ) e integrante de la corriente IDN en el PRD.

José Luis Abarca

María de los Ángeles Pineda, en cambio, tiene una oportunidad mayor de alcanzar su libertad, lo que no dejará de ser lamentable y por diversas razones. La primera, por supuesto, es porque existen elementos sobre su participación en aquella noche fatídica y, en segundo término, porque dos de sus hermanos, Antonio y Mario Pineda, fueron operadores de importancia de los hermanos Beltrán Leyva, quienes constituyeron uno de los grupos delictivos más peligrosos de la historia resiente.

Los Guerreros Unidos, no conviene olvidarlo, surgieron precisamente de aquellas alianzas que se expresaban en el control territorial y en la presencia en plazas de importancia, como Iguala.

Toda esa podredumbre gobernaba Iguala y en sus delirios de poder se creyeron impunes, inclusive para participar en la barbarie que llevó a la comisión de un acto criminal que es ya fuente de estudio y de vergüenza.

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