El recordador

Santino Cortés*

De vez en cuando salía al patio, se servía un vaso pequeño de vodka y se sentaba. Le gustaba ver a sus gatos, la dulzura que se esconde en sus ojos, la manera en que se estiran y cuán calmos andan, como si el tiempo transcurriera levemente entre sus patas. Dejaba que el sol pasara entre sus manos cansadas de color quemado, lo dejaba pasar incluso cuando estaba nublado. Cuando se sentaba en el patio, no existía la soledad; si no, el pensamiento.

Solía intentar recordar sus primeras ocasiones: la primera ocasión que besó a alguien, la primera vez que anduvo en bicicleta o vio la Mar. Eran tantos los caminos andados que no recordaba el inicio de ninguno. Pero una tarde, recordó la primera vez que escuchó el piano; se quedó sordo, poco después recordó la primera vez que cantó extraviado por alguna calle de una tierra lejana; se quedó mudo, unos cuantos meses después, logró recordar la primera vez que vio Marte, rojo, impasible; se quedó ciego. Una tarde de julio, sintió a un gato caminar entre sus brazos, fue la última vez.

Photo by ramy Kabalan on Pexels.com

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