50 mil veces de luto

Julián Andrade

La cifra es devastadora: 50 mil muertos y no es un corte definitivo, serán más. Pero el número es una marca, un tatuaje doloroso para una una sociedad rota en más de un sentido. Los fallecidos fueron  personas, con historias, familias y amigos en un luto con dimensiones de guerra. Un muerto cada 8 minutos, como contabilizó con agudeza periodística el diario Excélsior.

Para dimensionarlo: ¿En dónde caben 50 mil personas? Son cinco veces el cupo del Auditorio Nacional, dos veces el Foro Sol y el 57 % del estadio Azteca. La magnitud de un drama expansivo y que nos marcará a todos.

Los contagios, los que se conocen, son ya 462 mil desde que arrancó la marcha tenebrosa del Covid-19 en nuestro país. Y todo ello es con cuentas que subestiman la realidad y que no atienden a una letalidad que ya supera cualquier comparación con el pasado.

El subsecretario de Salud y encargado de enfrentar la pandemia, Hugo López-Gatell, le dijo a los gobernadores que la situación se puede prolongar por dos o tres años, con descensos y repuntes.

Planteó transitar a una nueva etapa para salir al paso de lo que vendrá en los próximos meses y señaló que tendrá que participar, en el replanteamiento de la estrategia, la secretara de Hacienda.

La posibilidad de nuevos confinamientos es latente y el golpe económico que esto puede significar es evidente.

Para López-Gatell se acabó el “aplanamiento de la curva” y entró en la matemática de la rendición de cuentas.

Más vale que esta vez sí escuche a los expertos, porque hay que tener presente que todo puede ser todavía mucho peor, sí, más dramático de lo que ahora ya narramos.

La pandemia tiene carácter internacional, pero no todos los países están sumidos en el mismo desastre. De ahí podemos aprender, dejando atrás la soberbia de considerar que somos únicos y que aquí sí se estaba procediendo del modo adecuado.

Los contagios y las muertes pudieron reducirse, no eran una fatalidad. Quizá el error más grave del gobierno consistió en concentrarse en una defensa política en lugar de afanarse en una batalla técnica, con el costo que está tuviera.

Las posposiciones y las resistencias para encarar con dureza la situación,  al final no redituaron porque estamos ente el peor de los mundos posibles: muertes que no paran y sin una luz en el horizonte.

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