La guerra de las medicinas

Julián Andrade

Cuando más se necesita fortalecer a la industria nacional, el gobierno decide realizar una compra consolidada de medicamentos en el exterior por 60 mil millones de pesos para 2021. Ya lo intentaron, de algún modo con la licitación internacional hace un año, la que resultó un rotundo fracaso y se tuvo que acudir al expediente más socorrido de la 4T: La adjudicación directa.

Las consecuencias de esta nueva política están a la vista: desabasto y fallas logísticas que complican la distribución de las medicinas.

No hay que olvidar que la falta de medicinas suele traducirse en verdaderos dramas en los que está en riesgo la vida de las personas y la tranquilidad de sus familias. Por ello, es uno de los temas más delicados y en los que mayores problemas se han generado en los últimos meses.

Pero además, lástima al T-MEC y a socios como los de la Unión Europea, ya que se debería privilegiar a las fábricas de medicamentos de la región o de países con los que también hay acuerdos de libere comercio, cuando lo que ocurrirá es abrir la puerta a fórmulas fabricadas en China y no sujetas a los mismos estándares que se exigen en otro lugares del mundo.

Vamos de lleno en una ruta cargada de obstáculos, pero en medio de una pandemia , lo que puede obstaculizar la posibilidad de contar con una vacuna que sirva contra el Covid-19 y que sea aplicada y distribuida. Funcionarios del ISSSTE calculaban que se requeriría de unos dos años para contar con una red eficiente para llevar, sin la participación de particulares, los medicamentos a cada puntos donde sean necesarios para el sistema de salud.

Nadie sabe si han avanzado en este propósito, pero es probable que se haya quedado enterrado entre las urgencias que brotaron, por todos lados, por la ausencia de una planeación adecuada para procurar atención a miles de personas contagiadas.

Photo by Anna Shvets on Pexels.com

El presidente Andrés Manuel López Obrador está empeñado en sacar de la jugada a los grandes laboratorios y a las empresas que vendían los productos con el argumento de que eran una mafia.

Como en tantos asuntos de la vida pública mexicana, las acusaciones y señalamientos no están acompañados de denuncia alguna. Es decir, se destruyen reputaciones y empresas sin que medie proceso legal alguno.

El presidente dice que la ONU  (la OMS y la OPS) acompañará el proceso, como si eso fuera un obstáculo para la bomba de tiempo que ya se desactivó y que va a estallar en el peor momento de todos, cuando no solo no exista vacuna alguna contra el Covid-19, sino que no se tengan inventarios de lo que sí había o se surtan con productos de dudosa procedencia.

Lo que está en juego, por todas sus implicaciones, atañe inclusive a la seguridad nacional y puede dejar a nuestro país en una situación de vulnerabilidad y en un momento que ya es crítico.

En el fondo, se ataca a los supuestos lobos de la industria farmacéutica, para ponerse en manos de verdaderos buitres y en un contexto internacional donde los que llevan mano son otros, los países que han logrado consolidar su industria y cuentan con laboratorios de alta especialidad.

En México, en cambio, se opta por la destrucción del empleo y la innovación justo cuando más se necesita.

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