Lozoya y Duarte: los clavos del ataúd

Julián Andrade

La detención de César Duarte, quien gobernó Chihuahua, es un clavo más en el ataúd del PRI, que sumada a la extradición de Emilio Lozoya es un molde más que acabado para el desastre.

Toda una serie de posposiciones, de malas lecturas de la realidad y sobre todo del tiempo que transcurría se van juntando en una narrativa que será muy difícil revertir.

En el viejo partido renunciaron a dos posibilidades al mismo tiempo: No terminaron de acusar como es debido a los supuestos involucrados en actos corruptos y tampoco los defendieron ni a ellos, ni al legado que se construyó cuando estuvieron en el poder y que trasciende a los problemas individuales. Era una u otra opción, pero se decidieron por flotar, por nadar de muertito, y ahora enfrentarán el peor escenario de todos.

Es decir, se encuentran a merced de otras fuerzas políticas y ante acontecimientos que los rebasan, donde las proclamas contra “los que cometieron delitos” suenan falsas y donde ya no hay margen de operación para impedir que quienes están tras las rejas decidan no irse solos en el camino del escarnio público.

Uno de los bienes más valiosos en la política es el de la oportunidad y es justo lo que se desperdició en expedientes como los de Duarte pero también en los de Lozoya.

De ambos se sabía que andaban en malos pasos desde al menos 2017 y en el caso del chihuahuense se operó para que no pudiera ser detenido por las órdenes de captura que ya se habían girado a petición de la fiscalía estatal, y con el ex titular de Pemex se perdió la oportunidad de detenerlo y juzgarlo antes de que terminara el sexenio de Enrique Peña Nieto, aunque las acusaciones en su contra provienen justamente de esa época.

El presidente Enrique Peña Nieto y el director de Pemex en 2014

Subestimaron el tesón de Javier Corral para llevar a su antecesor a prisión, en un caso, y en el otro creyeron que los contactos harían imposible el arresto de quien dirigió la empresa estatal más importante del país y coordinó los asuntos internacionales de la campaña en 2012.

Ahora ambos, Duarte y Lozoya estarán en México, más temprano que tarde,  y en unas condiciones de las que no puede salir bien parada la antigua élite, al margen de que existan motivos, o no, que extiendan las acusaciones

Lozoya está dispuesto a hablar de uno de los asuntos más oscuros y espinosos a nivel internacional: Odebrecht y Duarte podría revelar la abultada nómina con la que controlaba la política y a los políticos en su estado y de otros lugares.

En parte es el derrumbe de una vieja construcción de pactos y complicidades, pero también de lo que pudo seguir siendo una opción si no hubieran renunciado a sus propias responsabilidades y aunque parezca paradójico, a una buena cuota de oportunidades.

Publicado en Etcétera, link original: https://www.etcetera.com.mx/opinion/lozoya-duarte-clavos-ataud/

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