Y… otro punto en común con Ortega

Rubén Cortés.-

Para la izquierda instruida, que les sirvió de tonta útil para que asaltaran la democracia, es de horror el desprecio por la ciencia y la aversión a la sociedad del conocimiento en los gobiernos de México, Venezuela y Nicaragua.

Ayer, el dictador Daniel Ortega cerró la Academia Nicaragüense de la Lengua, con lo cual cancela la cultura, la música y la creatividad intelectual en el país de Rubén Darío, Ernesto Cardenal, Sergio Ramírez, los hermanos Mejía Godoy.

El sátrapa nicaragüense (por quien el presidente mexicano se juega bastante capital político, negándose a asistir a la Cumbre de las Américas si éste no es invitado) había cerrado antes 14 universidades, porque los estudiantes son críticos de su dictadura.

También, por considerar que no están de acuerdo con su régimen, Ortega ha cerrado 319 Organizaciones No Gubernamentales, clausurado decenas de medios de prensa y obligado a exiliarse a más de 100 periodistas, por agresiones, censura y amenazas.

El pionero del odio por el conocimiento del nuevo populismo latinoamericano fue Hugo Chávez, cuando en abril de abril de 2003, decidió eliminar al talento del país, empezando por despedir de tajo a 17 mil 871 altos profesionales de la industria del petróleo.

Chávez dijo que “el pueblo no necesita a esas lacras”, en referencia a los profesionales que expulsó a los altos gerentes y técnicos de alto desempeño, el cerebro de la petrolera estatal PDVSA, que era entonces la empresa más competitiva del mundo, sector por sector.

Chávez ahorró cuatro mil millones de dólares en salarios, cursos de superación e inversiones en PDVSA y los metió a los programas clientelares que le garantizaban el voto en las capas más bajas de la población que, sin embargo, hoy están mucho más empobrecidas.

Y PDVSA está hoy destartalada: no puede abastecer ni la demanda interna de combustible, aunque Venezuela posee las mayores reservas de crudo en el planeta. Sin embargo, carece de planta productiva para producir y necesita traficar gasolina ilegal en Irán.

Aquí, la FGR pide cárcel para 31 académicos por “crimen organizado y lavado de dinero”, Conacyt contempla suspender el apoyo económico para estudiantes que participen en políticas y a becarias embarazadas, que hayan dado a luz o estén en postparto.

Ah, pero Conacyt nombró a Edith Arrieta como subdirectora de la Comisión Intersecretarial de Bioseguridad y Organismos Genéticamente Modificados, aunque había estudiado Diseño de Modas en la Universidad Jannette Klein.

Y David Alexir Ledesma como coordinador de comunicación, aun siendo pasante. Pero su mérito era haber sido editor en el portal noticioso de Jenaro Villamil y, también, ayudante de Dolores Padierna, la esposa de René Bejarano.

Sí. El desprecio por conocimiento es la arcilla fundamental de la obra del populismo latinoamericano.

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