La reforma autoritaria

Dante Pinal.-

Con una reforma electoral autoritaria el presidente López Obrador inicia su venganza en contra de los consejeros del Instituto Nacional Electoral, a quienes ve como los principales “enemigos de la democracia” y solo obedece a intereses personales que buscan controlar al INE y no de una sociedad en su conjunto.

En Palacio Nacional olvidan que la existencia y autonomía del INE tiene como origen cuatro décadas de lucha de ciudadanos y luchadores sociales, quienes desde diversas trincheras pugnaron por un instituto libre de toda injerencia gubernamental y de gran contrapeso dentro de la democracia.

El presidente odia todo lo que significa autónomo, lo que está fuera de su control y decisión, a aquellos que tiene la osadía de enfrentarse y más desde un órgano electoral que no está supeditado a sus extravagancias.

La creación del INE no es resultado de un capricho sexenal o de alguna ocurrencia política, fue una exigencia de la propia sociedad cansada que la organización de las justas electorales durante 70 años se realizaban desde el propio poder, inhibiendo la participación real de grupos opositores.

La reforma electoral propuesta por la administración lopezobradorista, es un retroceso a los procesos de lucha ciudadana que tuvo uno de sus primeros logros en 1996 con importantes cambios en el entonces Instituto Federal Electoral al integrarse un consejo con 9 ciudadanos con voz y voto y la creación de 32 órganos electorales que fueron dotados de autonomía constitucional con todo y las trabas y complejidades que se presentan en cada entidad del país.

Otra de las reformas se suscriben en el artículo 76 en donde se suscribe que uno de los requisitos medulares para ser consejero electoral es tener título profesional y conocimientos en la materia Politico electoral.

El presidente pretende que la elección de consejeros sea sin tener antecedentes de escolares o de preparación en la ley electoral, por el contrario quiere aquellos candidatos que cumplan con los principios básicos de entrega y sometimiento a los preceptos de la 4a transformación, antes de ser sometidos al escrutinio del “pueblo bueno”.

Lopez Obrador piensa que la campaña orquestada en contra de legisladores que rechazaron la reforma Eléctrica, será factor determinante para conseguir el voto necesario en su reforma electoral y de no ser así, volver a culpar a los diputados de oposición que no le permiten realIzar la transformación a modo que tanto requiere.

Con su justificación de obtener supuestos ahorros en la operación del INE, el presidente vuelve a una estrategia similar que ejecutó para desaparecer los fideicomisos, primero atacar, decir que tiene presupuesto elevado y excesivo y al decir que ya obtuvo el apoyo popular, asesta el golpe final.

Lo que el mandatario aún no toma en cuenta es que el rechazo a su pretensión de cambiar al INE, no solo la representan los diputados de oposición, sino miles de mexicanos que no van a aceptar que el presidente acabe con uno de los pocos organismos independientes que aún tiene el país. El permitir que el presidente y su grupo faccioso lo haga, es aceptar que se apodere de la vida democrática del país.

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