El ajedrez de Macron

Julián Andrade.-

Es una partida de ajedrez. Emmanuel Macron va ganando, pero sabe que cualquier error le puede costar muy caro. Sí, se impuso en la segunda vuelta, pero se encuentra en medio de un sándwich de dos formaciones poderosas: la ultraderecha de Marine Le Pen que está más cerca que nunca de acceder al poder y la fuerza de la izquierda radical de Jean-Luc Mélenchon.

Es una situación extraña, ambivalente. Macron es el primer mandatario reelecto sin pasar por la cohabitación, pero es probable que tenga que asumirla de un modo distinto. Por ahora parece que buscará un personaje, para asumir las tareas de primer ministro, que se incline hacia la derecha moderada, pero que a la vez entienda de las urgencias sociales del momento. Pronto lo sabremos.

Como en el ajedrez, los jugadores inteligentes, y Macron lo es, saben observar y calcular. Tiene tiempo, es verdad, pero atado a la urgencia de un cambio, a un viraje que cambie la narrativa, esa que advierte que la derecha más feroz terminará por imponerse, más temprano que tarde. Sería un jaque mate y no solo para Macron, sino para la democracia misma.

Le Pen no ha parado de crecer y ahora tiene 13 millones de votos. Esto es una descripción terrible de los males que aquejan al sistema político francés. Los valores republicanos son, hasta ahora, un antídoto contra la ultraderecha, pero que funcionan cada día menos. Para resistir requieren de un nuevo aliento, de perspectivas de mejoría y de una pedagogía que explique con claridad y sin arrogancia, a las nuevas generaciones, todo lo que está en riesgo.

Macron debe escuchar al electorado, es presidente de Francia de nueva cuenta, por el miedo a la llegada de Le Pen al Elíseo. ¿Para dónde inclinar la balanza?

Algo es evidente, tendrá que ser una política que atienda a las clases populares, a los sectores que están siendo seducidos por los extremos y que están decepcionados de la política tradicional.

Las próximas elecciones legislativas, que han sido planteadas por Mélenchon como una tercera vuelta, serán la primera aduana y ahí se establecerá con claridad la fuerza legislativa del presidente francés. En esta ocasión es poco probable que reciba un respaldo similar al que obtuvo en la elección presidencial.

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