Cuando los presidentes hablan de más

Julián Andrade.-

En la Casa Blanca suelen ser muy cuidadosos con lo que dice el presidente, sus discursos y la información que se maneja. Hay equipos de especialistas que se encargan de alinear datos, de construir narrativas y de evitar incoherencias, Con excepción del periodo de Donald Trump, los comentarios espontáneos suelen reducirse para evitar problemas.

El objetivo es dejar poco espacio para la improvisación, para permitir que los mensajes sustanciales sean claros y logren el objetivo de comunicar lo que se está haciendo o lo que se hará. En situaciones de crisis esto es aún más relevante.

Joe Biden había tenido una gira bastante exitosa por Europa. Dejó planteados los argumentos de Estados Unidos, demostró su solidaridad con Ucrania y marcó, de nueva cuenta, las líneas que no se deben rebasar y que están establecidas por la OTAN.

Pero cometió un error. Calificó a Vladimir Putin de “carnicero” y señaló que “no debía mantenerse en el poder”. Lo primero era una descripción, pero lo segundo un dislate que aprovecharía el gobierno de Rusia, alegando la intromisión del presidente de Estados Unidos en asuntos que solo competen a los rusos.

De inmediato, funcionarios de la Casa Blanca intentaron matizar las declaraciones, para colocarlas en el contexto de la guerra y señalar que el presidente Biden a lo que se refería era a las agresiones de Putin contra otras naciones.

En el Kremlin son expertos en aprovechar las discusiones públicas y en este caso de carácter internacional. Van a difundir, ya lo están haciendo, que los planes de Estados Unidos y la OTAN en realidad se concentran en derrocar al gobierno de Rusia y provocar un cambio de régimen. No es así, por supuesto, pero la sola dudada servirá para fortalecer a los grupos nacionalistas más radicales y al propio Putin.

Los grandes tiranos de la historia suelen asumirse como víctimas y dibujan a sus enemigos, ficticios o reales, como emisarios de poderes que quieren acabar con ellos.  

Los gobiernos democráticos tienen diversas responsabilidades y una de ellas, nada menor, es cuidar los mensajes de Estado, su lenguaje y alcances.

El presidente Biden dijo lo que muchos piensan en todo el planeta, pero él no es cualquiera y su libertad de expresión está limitada a protocolos específicos y, sobre todo, al interés de su país.

Lo ocurrido funciona para recordar la importancia de la palabra presidencial y el cuidado que debe existir alrededor de ella

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