El disparate con España

Julián Andrade.-

En los círculos diplomáticos debe existir una mezcla de jolgorio y de preocupación por lo que respecta a México.

En tan solo semanas, el gobierno de la 4T se encargó de tensar las relaciones con Panamá y de profundizar las rispideces que ya se tienen con España.

En ambos casos, fue el presidente López Obrador quien estableció la naturaleza del pleito, con los panameños porque le rechazaron el plácet para su embajador y con los españoles por una suerte de agravios que al parecer iniciaron hace quinientos años y que continuaron por los negocios de Repsol, Iberdrola y OHL en los tres últimos gobiernos, los de Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.

Para el mandatario mexicano esas compañías son sospechosas de enjuagues turbios, de corruptelas y abusos sin fin.  

Este miércoles, durante su conferencia, el presidente López Obrador anunció que se inclina por “darle tiempo” a la relación con España, por poner una pausa.

Los alcances de lo que él mismo llamó, “un comentario” son inciertos, porque no encuentran lógica alguna en la práctica diplomática y se salen de cualquier límite conocido hasta el momento respecto a las relaciones con otro país.

Hace apenas unas semanas, el canciller Marcelo Ebrard trabajó para que en Madrid apuraran los trámites de reconocimiento para Quirino Ordaz, el exgobernador de Sinaloa que ahora llegará, como embajador, a una posición más que extraña y con un nivel de relaciones sumamente bajo.

En España no harán nada al respecto, no al menos con la estridencia que ahora impera en la contraparte mexicana. Dejarán pasar el asunto porque sus problemas en este momento son de otra naturaleza, pero es de alguna manera penoso que esto ocurra con un país que tenía magnificas relaciones con México desde que murió Francisco Franco.

Es probable que en Palacio Nacional no tengan una idea muy clara del papel de la democracia española en los últimos decenios y del respaldo decidido a planteamientos impulsados desde Iberoamérica para atajar las codicias y voracidades de las grandes potencias.

Por lo pronto, el responsable de la política exterior española, José Manuel Albares, se limitó a manifestar su desconcierto y pidió que se aclaren las expresiones del mandatario mexicano, ya que no hay una notificación oficial sobre un cambio en la relación entre ambas naciones.

José Manuel Albares, ministro de Asuntos Exteriores de España

En España gobierna un presidente socialista, Pedro Sánchez, que no ha tenido gesto alguno que pudiera considerarse un agravio con los mexicanos, por el contrario, ha tratado de llevar la fiesta en paz ante las presiones de la derecha, que ven en los desplantes del gobierno mexicano, una actitud que debe ser respondida con igual intensidad.

Por fortuna, las relaciones entre España y México son fuertes y están enraizadas en la historia.  Si el presidente López Obrador no quiere hablar con autoridades de aquel país, que no lo haga, aunque es un deber del estado el garantizar múltiples intereses y acuerdos que se derivan de la convivencia y de los lazos que unen a ambas naciones.

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