El CIDE y el escritorio en la carretera

Julián Andrade.-

El escritorio del director del CIDE terminó en la carretera México-Toluca. Los alumnos inconformes con la designación de José Antonio Romero Tellaeche, sacaron el mueble de la oficina y lo colocaron a la vista de todos, para ilustrar el momento que vive esa institución académica.

Mientras esto ocurría, María Elena Álvarez-Buylla, la titular del Conacyt, consumaba el cambio en los reglamentos internos que le permiten, a partir de ahora, el cancelar el debate académico y el nombrar a quien le plazca para culminar con el que es su principal objetivo: destruir al CIDE.

La Asamblea de Asociados, que es la que tenía que pronunciarse sobre el cambio en los estatutos, respaldó a Álvarez-Buylla, aunque con las honrosas excepciones de la Secretaría de Economía y El Colegio de México, que encabezan Tatiana Clouthier y Silvia Giorguili, respectivamente.

En cambio, los representantes de las secretarías de Energía, Hacienda, Educación y el Fondo de Cultura Económica, se sumaron a un acto ilegal y que seguramente será revertido, tarde o temprano.

El conflicto en el CIDE no existiría si hubiera imperado una actitud prudente de la directora de Conacyt, quien ha hecho todo lo posible, y se ha empeñado, en que las cosas escalen.

Es probable que crea que la situación le está favoreciendo dentro de los alineamientos de la 4T, donde hay grupos bastante hostiles a cualquier instancia de pensamiento y deliberación.

La actitud contra los intelectuales y los científicos, es uno de los rasgos de quienes ahora gobiernan, pero Álvarez-Buylla está decidida a ser la vanguardia es esos delirios.

Su interlocución con alumnos y académicos está rota, aunque en realidad nunca la tuvo ni quiso tenerla. Tocará a otras instancias, acaso a la Secretaría de Gobernación, el buscar una salida al problema, si es que hay voluntad en el gobierno de que ello ocurra. En estos momentos no se puede saber todavía.

Pero la experiencia muestra que los movimientos estudiantiles pueden ser de larga duración, con intensidades diversas, pero con líneas continuas.

El historiador Jean Meyer señaló que “no hay que fijarse exclusivamente en la cuestión de que el actual director ilegal del CIDE se va a quedar o no, la batalla será larga, va a ser una guerra de trincheras de muchos años, así que habrá que continuar este combate y al final estará la victoria”.

En el CIDE hay una comunidad decidida a defender su patrimonio, que no es otro sino el de poder seguir generando conocimiento al servicio de la sociedad. Lo van a lograr, porque les asiste la razón, pero siempre es tortuoso el camino.

Estos jóvenes aguerridos e insobornables, me recuerdan al CEU, el de 1986, a esa voluntad para defender derechos pensando en las siguientes generaciones.

Merecen nuestro reconocimiento y respaldo, porque se están enfrentando a los peores rasgos de la cerrazón y el autoritarismo.

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