De las cenizas de la guerra

Leonardo Báez Fuente.-

Revisar los resultados de la guerra civil mexicana de 1910 a 1936 me lleva a considerar que la retórica que la señala como una “Revolución” es a todas luces un despropósito. Sin embargo y desde que lo recuerdo, se nos ha narrado dolosamente y como justificación una historia totalmente irreal y que deja más dudas que certezas.

La historiografía seria pone a la guerra (me negaré a nombrarla revolución hasta que me muera) como una serie de enfrentamientos que son la prolongación del desastre que fueron los primeros cuarenta años de vida independiente. Sólo el triunfo de los liberales logra establecer una época de paz relativa después de la Intervención francesa y la refiero como relativa, puesto que durante el periodo entre 1867 y 1910 no cesaron los levantamientos en contra de los triunfadores, en particular las grandes guerras indígenas contra mayas, yaquis, mayos, apaches, coras y huicholes, mismas que fueron terminadas de manera sangrienta por el porfiriato; no se podía pedir más a una época de brutales represiones y exterminios a nivel mundial.

Sin embargo el porfiriato crea una clase media que busca insertarse en el gobierno sobre los viejos liberales tuxtepecanos y los hombres relativamente nuevos, creación del grupo científico. A todos ellos lo único que los unía es la lealtad a toda prueba a Díaz, mismo que por la oaxaqueña tozudez de su carácter, le impedía dejar un poder presidencial que él mismo elevo y sacralizo por sobre todo y sobre todos.

El maderismo aglutinó a la mayoría de la oposición al viejo general, entre ellos a reyistas resentidos, mismos que fueron los que integraban los semiclandestinos clubes antirreleccionistas. La otra oposición a Díaz se integraba por bandoleros aperreados y líderes campesinos que buscaban integrarse al gobierno y volverse nuevos caciques en sus pueblos de origen, buscando fundamentar su lucha en los documentos coloniales. Los anarquistas, sindicalistas y magonistas sólo eran ruidosos pero pocos y sin influencia alguna.

Salvo el brevísimo cuartelazo y la sangrienta dictadura militar de Huerta, la guerra la ganaron los reyistas que adelantándose al gatopardismo, buscaban que todo cambiara para que todo quedara igual ya que querían un porfiriato sin Díaz y manejado por ellos.

Madero sólo aglutinó la base de la oposición a Díaz y nunca supo controlarla. Carranza le dio forma a las bandas guerrilleras y estableció instituciones y orden en la anarquía. Obregón pintaba a ser el nuevo Díaz  y con él mueren los liberales como grupo de poder en México, quedando solamente los deslumbrados por las revoluciones europeas y sobre todo, por el fascismo, que crean el Estado corporativo y totalitarito (no llega al anhelado nazismo azteca) mexicano, mismo que con notoria capacidad de adaptación sigue causando que las libertades en México no sean más que simulaciones y que ha causado que la sociedad mexicana sea un apéndice de un gobierno que está metido en todo y no resuelve nada, pero eso sí, jura ser el epítome de la justicia social. Un asco.

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