Del abuso del gasto

Leonardo Báez Fuente.-

En el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF)  para el año 2021, los legisladores determinaron un monto de gasto  autorizado al gobierno federal por la cantidad de  $6,295,736,200,000.00 (SEIS BILLONES DOSCIENTOS NOVENTA Y CINCO MIL SETECIENTOS TREINTA Y SEIS MILLONES DOSCIENTOS MIL PESOS 00/100 M.N.). Para el 2022, se autorizó en la desastrosa y brutal sesión plenaria de la Cámara de Diputados la cantidad de e $7,088,250,300,000 (SIETE BILLONES OCHENTA Y OCHO MIL DOSCIENTOS CINCUENTA  MILLONES TRESCIENTOS MIL PESOS 00/100 M.N.), aumentando dicho presupuesto en $792,514,100,000 (SETECIENTOS NOVENTA Y DOS MIL QUINIENTOS CATORCE MILLONES CIEN MIL PESOS 00/100 M.N.).

Refiero estas cifras en números y letras para que sea meridianamente claro el monto del dinero que el gobierno se gastará este año que aún no concluye y que tendrá que rendirle cuentas a la Auditoría Superior de la Federación  y lo que va a gastar el año que viene. Son cantidades estratosféricas de devaluados pesos que en cabeza de los simples mortales no se pueden considerar ni en sus sueños más guajiros.

Foto de Ricardo Esquivel en Pexels.com

La pregunta forzosa es ¿En qué demonios se gasta tanto dinero?

Seré breve al responder esta pregunta: en cuanta cosa que el gobierno se atribuye sobre nuestras libertades.

México es un país de una arraigada obsesión gubernamental de meterse en todos los ámbitos de la vida nacional. Desde la conclusión de la guerra civil de 1910 a 1934 (me rehusaré siempre a llamarla Revolución) y sobre todo, con el fundamento y parapeto legislativo de la Constitución de 1917 se creó la superestructura del gobierno mexicano, en donde todo es suyo y de su interés,  basado este último en la supuesta justicia social (en donde el gobierno le roba al productivo para supuestamente darle al pobre para finalmente quedarse él con lo del rico y lo del pobre) por medio del cual se apropió de todo lo que se le ocurrió únicamente con la finalidad de imponer un control populista y desastroso sobre la economía nacional.

Es así que el gobierno mexicano se hace presente frente a la población como el filántropo que reparte dinero a manos llenas y regala servicios y subsidios a la población alegando una falsa gratuidad de lo que “otorga”, mismo que suele ser siempre malo, de baja calidad, engorroso, estorboso y lo peor, obligatorio para una población aperreada de contribuciones.

Cualquier politólogo decente y no subsidiado puede señalar que las funciones esenciales de cualquier gobierno son la crear certezas y defenderlas, no asumir cargas y situaciones que la sociedad por sí misma se otorga. La educación y las escuelas existían mucho antes que se formaran los entes burocráticos que hoy las ahogan en trámites y complicaciones. La medicina se ejercía sin una secretaría que la tuviera sometida a sus caprichos y así existen muchos ejemplos de que la intervención gubernamental en la vida nacional sólo la ha encanallado y entorpecido al controlar los elevadísimos presupuestos que controla y que hace que la sociedad mexicana gravite siempre alrededor del gobierno.

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