El amor en tiempos de la 4T

Dante Pinal.-

Cual si fuera una novela, los matrimonios surgidos en estos tiempos de la 4a Transformación han sido verdaderos suplicios para las personalidades políticas actuales y más si se atreven a realizar recepciones suntuosas que generen molestia en Los Pinos.

Primero fue la boda de Cesar Yáñez,  ex vocero del entonces presidente electo López Obrador, quien el casarse y salir publicada la recepción de su boda en conocida revista de sociales, tuvo la desfortuna de ser relegado del primer equipo presidencial, por el gran dispositivo de seguridad y la presencia de reconocidos políticos morenistas y empresarios que se dieron cita al evento.

Hasta la fecha el propio presidente no le perdona a su ex vocero el haber organizado una boda “fifi” cuando él dice representar  “a los intereses del pueblo” y considera este tipo de festejos como una gran ofensa a su legado “transformador e igualitario”.

Ahora le tocó a su responsable de la Unidad de Inteligencia Financiera, Santiago Nieto renunciar a su cargo, por la ceremonia que, sin querer, estuvo rodeada de un escándalo mediático que no tenía razón de ser.

Hasta qué punto los propios morenistas van a poder ser libres de realizar cualquier conmemoración personal, sin tener el peligro de ser vigilados por el propio brazo ejecutor presidencial. ¿Acaso no tienen derecho a realizar fiestas privadas sean sencillas o no?

Lo que sí es real es que ese afán protagónico de diversos personajes morenistas conllevan a ser observados de por la propia población y ser criticados de festejo o lugar que visiten. Ellos mismos son los causantes del linchamiento mediático por sus acciones y ataques a otros políticos por similar tipo de festejos.

Por ejemplo el domingo pasado al propio dirigente de Morena, Mario Delgado, se le ubicó muy sonriente en el premio de la fórmula uno de la Ciudad de México, sonriente y campante, cuando él mismo ha sido uno de los principales detractores de otros personajes que asisten a este tipo de eventos.

Lo inexplicable es que el derecho a la privacidad ha quedado en el aire. Ahora ningún político podrá realizar alguna fiestecita por el temor a ser linchado o que algún invitado peque de indiscreción y filtre lo acontecido fuera y dentro de la ceremonia al que incluso, vayan como invitado.

Pero eso si el presidente tajantemente declaró: “yo ni voy a fiestas”, con su peculiar estilo de enseñanza moral de como deben comportarse los miembros de su equipo gubernamental.

Desde Los Pinos pueden perdonar actos de corrupción, violencia contra la mujer, el que no haya medicamentos suficientes en los hospitales, el no querer se vacunen a los menores en contra del COVID-19, todo, todo se puede perdonar, menos que hagan fiestas suntuosas y no inviten al pueblo. Esto sí cala, no sean gachos, ¡inviten pues!

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