De cabezas en la picota

Leonardo Báez Fuente.-

Sí en México hay algo arraigado e imposible de extirpar es la corrupción.

Desde que recuerdo y como resultado del desastre del gobierno de López Portillo, el gobierno de Miguel de la Madrid inició la cruzada en contra de la corrupción prometiendo “La Renovación Moral” de la sociedad mexicana dirigida por el inefable Samuel Del Villar (mismo que años después demostró que sus ideas como Procurador de Justicia del Distrito Federal se basaban en las venganzas personales y no en la investigación de los delitos).

El resultado fue desconsolador: Sólo se capturaron a los más evidentes de los corruptos del sexenio anterior siendo la presa mayor Arturo Durazo Moreno, quien ya había sido denunciado extensamente por su antiguo guardaespaldas José González González en el libro “Lo Negro del Negro Durazo”. Estas detenciones, que eran verdaderos partos de los montes, dejaron un lamentable ejemplo: Lo importante era poner en el patíbulo de la opinión pública a los más odiados de los políticos defenestrados del gobierno anterior para regocijo de las ansias de venganza del populacho y no buscar realmente una solución a la corrupción.

Cualquier politólogo con de sentido común (esto excluye a casi todos ellos) puede decir claramente que la corrupción no se combate con clavar las cabezas de los corruptos en  lanzas. Se combate con desregulación y con prácticas sanas y sensatas de gobierno. Como lo dice Stefan Molyneux: El gobierno no expande su control porque la libertad no funcione, la libertad no funciona porque el gobierno expande su control.

Cuando tenemos que en México que el gobierno pretende estar controlando todos y cada uno de los aspectos del ámbito productivo, sólo la corrupción permite que ese ámbito pueda sobrevivir y tratar de prosperar, ya que a través de ella se pueden brincar y evitar las múltiples trampas y trabas que el gobierno le impone con fines de extorsión tanto legal como ilegal.

En el sexenio de Calderón se hizo una encuesta preguntando cuál era el trámite más inútil que conocíamos para eliminarlo, lo cual causó una profunda molestia en el ámbito burocrático, por lo que no se intentó de nuevo en los subsecuentes años.

La corrupción se elimina derogando o abrogando las normas que generan que el gobierno intervenga y trabe a las unidades productivas en su vida diaria. Mientras menos gobierno haya menos corrupción existe.

Sin embargo todos los gobiernos han seguido la pésima estrategia de Del Villar de perseguir a los corruptos como personas y no de eliminar las normas que los generan. Emilio Lozoya es el ejemplo clásico del engaño corruptor: Le prometió a las hordas babeantes de la 4T, cabezas para despedazar y es el momento en que no les ha dado nada y les ha sacado todo. La corrupción sólo se combate matando su origen que no es otro que la norma que la genera y no a la persona que medra con ella. Sin embargo veo imposible que eso pase: Quieren sangre y no soluciones.

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