El presidente parece atrapado


Rubén Cortés.-

El mundo al que tanto esquiva (hasta hace 20 años sólo había ido a Cuba) terminó por atrapar al presidente: no puede negarle a Washington ser perseguidor de migrantes; no puede negarle a La Habana que le robe el show en las Fiestas Patrias. Parece atrapado.

En manos de Estados Unidos, desde que el 30 de mayo de 2019 Trump amenazó con aranceles de cinco por ciento a los productos importados desde México, “hasta que se detenga el flujo de migrantes indocumentados que nos llegan a través de México”.

“No le puse aranceles, sería tremendo, no sé si podría pagarlos, si tendría esa capacidad, pero nos colocó 27 mil soldados para resguardar las fronteras y ha ayudado a la construcción de este muro, el presidente de México es un caballero”, dijo Trump.

En manos de La Habana, por viejas deudas ideológicas y por el favor de los cubanos cuando, en 2004, detuvieron a Carlos Ahumada y éste les confesó que había grabado a René Bejarano de “manera calculada para alcanzar objetivos políticos”.

La declaración oficial cubana dio a entender que Ahumada soltó mucha información en las mazmorras sobre los Videoescándalos: “Declaró que la operación realizada con empleo de videos sobre corrupción fue planificada con varios meses de antelación”.

Y Cuba echa los favores en cara. Ayer, luego de que Luis Lacalle, presidente de Uruguay, criticó a la dictadura cubana, La Habana le respondió: “Se olvidó de la ayuda de la revolución cubana a su país”. La ayuda fueron unas vacunas para niños hace años.

El presidente pudo organizar una reunión bilateral y que ahí hablara el gobernante cubano. Pero al parecer a La Habana (aislada mundialmente por la represión del 11 de julio) le urgía una demostración grande de poder, y pidió la batuta de la Fiesta Patria.

El presidente López Obrador en la cumbre de la CELAC. Foto: Presidencia de la República.

Como sea, perseguir migrantes a pedido de Washington y ceder el honor de ser el orador principal en la Fiesta Patria al dictador cubano, se inscriben en las decisiones difíciles que ha debido tomar el mandatario a la mitad del camino de su gobierno.

Antes, liberó a uno de los capos del cártel de Sinaloa, Ovidio Guzmán: “Yo ordené que se detuviera ese operativo y que se dejara en libertad a este presunto delincuente, para no poner en riesgo a la población”.

Y solicitó a Trump devolver a México al general Cienfuegos, a quien la DEA había capturado en Los Ángeles, por presuntos vínculos con el narcotráfico. Cienfuegos fue jefe del Ejército en el gobierno al cual que el presidente considera el más corrupto de la historia.

Salió bien librado de ser el muro de Trump, de Ovidio y de Cienfuegos. El costo por Díaz-Canel apenas se está midiendo.

Pero se avizora alto.

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