De las armas y la estulticia

Leonardo Báez Fuente.-

Hoy por la mañana me encuentro con una noticia francamente risible: El gobierno mexicano presentó una demanda en contra de once fabricantes y vendedores de armas en Estados Unidos, exigiendo que dichas empresas le paguen la cantidad de diez mil millones de dólares como compensación por venderle y entregarle armas a los cárteles del crimen organizado en México, por ser dichas  empresas las causantes de la violencia en este rancho apestoso.

Siendo abogado como lo soy, simplemente me mueve a la más profunda burla dicha demanda. Es como demandar a Henry Ford por haber vendido automóviles que han atropellado gente;  es señalar al objeto y no al usuario irresponsable del mismo como causante de la desgracia, volviendo a las épocas del ludismo del siglo XIX en donde se atacaban y se destruían las máquinas de vapor como las supuestas causantes de la pobreza y el desempleo de mano de obra no calificada.

Algo no ha entendido este gobierno es que las armas no matan. Una pistola guardada en un cajón y descargada no puede matar a nadie, quien mata es la gente. Sin embargo y suponiendo que para perseverar en su absurda idea de abrazos y no balazos como solución a la violencia endémica del país, han razonado (sí lo que están haciendo se puede llamar así) que las armas y el parque por sí solas buscan y de manera autónoma matan gente por el puro gusto de hacerlo. No quieren ver que quien aprieta el gatillo de un arma de fuego es un ser humano responsable de lo que hace y que al hacerlo es el primero que no quiere que los demás vivamos en paz con él.

También olvidan otra cosa: Las armas legales se pueden adquirir en Estados Unidos en razón de la Segunda Enmienda de la Constitución estadounidense, cumpliendo con  los requisitos que cada estado impone para ello y para usarse en el país. Casi nadie puede sacar sus armas de Estados Unidos sin cumplir con las reglamentaciones de otros países, por lo que las armas que salen de ahí solo pueden hacerlo ya sea por compras legales entre gobiernos o por medio del contrabando, mismo que opera generalmente con armas ilegales que se adquieren fácilmente en los campos de batalla de todo el mundo o a gobiernos sumamente corrompidos a precios risibles y que se introducen ilegalmente a otros países a través  de aduaneros complacientes.

Lo que estos zopencos y sus más obtusos abogados no ven es que no es un peligro el arma legal y registrada, sino las armas ilegales, no registradas y adquiridas en mercados negros por los delincuentes, que los fabricantes y comerciantes legales no controlan ni se encuentran involucrados en ellos. Sólo vieron lo que la 4T acostumbra, una posibilidad de extorsionar empresarios a través de medidas legales, pero en este caso apuntan mal y va a ser contraproducente para ellos, los americanos no se van a dejar. Tiempo al tiempo.

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