La caja mongola

Raúl Flores.-

 “Si no conviene, no lo hagas; si no es verdad, no lo digas. Sé dueño de tus inclinaciones.”

Marco Aurelio, Meditaciones

Uno de los rasgos que más distinguen a la política mexicana es el del ritual de sucesión, sí,  así como se lee y escucha , una república que surrealistamente guarda tintes de monarquía. El reypresidente saliente tiene una facultad no escrita de nombrar a quien lo sustituirá . Antes del año 2006 el voto era un ingrediente solo confirmatorio de la designación , más que un verdadero acto de ejercicio de la voluntad popular no sin algunas “anomalías” surgidas de la propia distopía mexicana, principalmente  Juan Andrew Almazán en 1940, Miguel Henríquez Guzmán en 1952 y Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano en 1988.

Hay quienes opinan aún teniendo poco conocimiento o de plano por su voluntad ignoran las prácticas y triquiñuelas del sistema político mexicano, los sorprendidos pues, quienes piensan que lo que está pasando hoy en México derivado de las menciones , actos y reuniones que el presidente en turno Andrés Manuel López Obrador ha permitido y alentado respecto de la y los aspirantes (a los que por cierto el ingenio popular también llama “suspirantes” ), es “otra cosa” una “innovación”, una aportación de la autollamada Cuatroté. Ignoran o no quieren recordar que el priismo siempre tuvo esas actitudes de apostar a engañar a disfrazar la voluntad del otrora “gran elector” , el “señorpresidente” como lo escribía/describía el gran Jose Emilio Pacheco en su libro cuyo título es más actual que nunca: Las Batallas en el Desierto.

“Auscultación” , “consulta a las bases y a los sectores del partido”, “pasarela de candidatos” , de todo ha inventado el sistema encarnado en el monarca presidencial en turno para legitimar su capacidad de voto supremo y de veto. A todo esto y a otras versiones de la estratagema política mexicana  el director, escritor y productor, Luis Estrada  llamó la “Operación Caja China” en su conocida película La Dictadura Perfecta (2014, México).

Sin embargo en sus efectos  es donde radica hoy la diferencia de lo que pasa en el panorama político mexicano y en lo que plantea el actual presidente quien no es muy afecto a las sutilezas y consideraciones hacia propios y extraños, por ello he pensado que la única innovación real que se presenta en esta nueva cara del Régimen, es que  de ser la caja de ser “china” pasó a ser “mongola”,  no solo porque recuerda a los retruécanos, conspiraciones melodramáticas, entretelones  y venganzas de la novela policiaca de Rafael Bernal , El Complot Mongol , así tanto como las disputas por el caudillaje  de  que llevaron a la extinción del antiguo imperio de los mongoles.

Pero la sociedad mexicana mal haría en distraer la mirada en ocuparse y preocuparse de “los embustes con que el poder intenta trazar su legitimidad “, parafraseando al poeta, pues ¡hay asuntos mil veces más urgentes para México que atender!.

La oposición y sobre todo la sociedad organizada y en vías de organización deben cuidar no caer en la tentación del teatrino mongol, el precio sería alto y los daños difíciles de reparar , vender soluciones simples , la degradación del discurso político , abominar la ciencia , la rendición de cuentas , atacar de cualquier forma a quienes disienten,  victimizarse siendo el poder (¡háganme el favor!), practicar el dispendio de los dineros públicos , hablar en vez de gobernar, odiar, “rencorear”, banalizar, vivir añorando el “glorioso”  pasado, apelar a ideologías, glorificar a la pobreza, ser ineficaces e ineficientes , crueles e insensibles ante el dolor, sumisos ante Trump, caraduras, es lo más propio del populista.

Como en el complot mongol, el juego de la sucesión

Los estadistas planean, educan, favorecen la ciencia y la desideologizan, apoyan a quienes crean riqueza para poder redistribuir, cuidan el medio ambiente, se sujetan al estado de derecho, toleran la crítica y de ella aprenden, insertan a su país su economía y su cultura en el concierto mundial, tienden puentes, respetan a las autonomías, viven en el presente construyendo para las generaciones siguientes sin olvidar sus raíces, unifican sin buscar la unanimidad, Usan a las fuerzas armadas en desastres y para cuidar el territorio, aman, empatizan frente al dolor ajeno, gastan con conciencia de cuidar lo común, actúan a favor de los derechos humanos en donde sea que estos se violen etc., etc .

En fin los estadistas a diferencia de los populistas trabajan y practican la decencia, no tienen necesidad y tiempo de cajas chinas, mongolas o cualquier otra forma de engaño y distracción.

Los caminos están pues planteados el del trabajo arduo, creativo y empático o el del polvoso y mortecino teatrino mongol con sus sillas desvencijadas y su decadente presentador.

Escojan.

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