De la porrocracia

Leonardo Báez Fuente.-

Escribo lleno de amargura. He analizado desde diciembre de 2018 al gobierno mexicano y me queda claro que hemos caído en manos de lo peor de la institución educativa pública por excelencia del país: la UNAM. Los exalumnos de la universidad que ahora desgobiernan el país demuestran las características esenciales del perfil de egresado que nace de la “Máxima Casa de Estudios” (se pueden reír del apodo): Ignorancia, soberbia, cerrazón, resentimiento social y sentido de horda depredadora.

Es del todo conocido que la UNAM fue creada durante el porfiriato por Justo Sierra (el supuesto antecedente de que es heredera de la virreinal Real y Pontificia Universidad de México es una falacia histórica absoluta) con una función esencial: Crear cuadros de profesionales para la burocracia nacional y los que sobraran, unirse a la clase media derivada del ejercicio profesional privado.

La universidad nacida de ese decreto porfiriano y la adhesión que se le hizo de las escuelas preparatorias positivistas de Gabino Barreda, se volvió una fuente de problemas constantes que fueron resueltos por medio de la cooptación de sus egresados a la burocracia, la corrupción y la formación de gánsteres internos que se dedicaron a aterrorizar a la masa del alumnado con la finalidad de crear un ambiente tóxico que se ha trasminado como salitre a todos los ámbitos nacionales pudriendo todo lo que toca.

El político mexicano se forja en las lides de la política universitaria o “grilla” o como porro o matón dentro del campus. La creación de la Ciudad Universitaria y la supuesta “inviolabilidad de la autonomía universitaria” creo un territorio comanche fuera de la jurisdicción ordinaria de las leyes generales para todo el país que originó al universitario político promedio: un protoburócrata vividor del presupuesto gubernamental y que se dedica a “politizar” todo lo que toca. La gran masa universitaria sólo sueña con integrarse a las diversas capas burocráticas para parasitar en ellas hasta su propia muerte. Los que no lo logran se vuelven seres inempleables que terminan por odiar a una realidad que no le reconoce a la UNAM su supuesta calidad de ser la “mejor universidad de México” y no acepta a sus egresados como parte de la planta productiva nacional.

Foto de Anni Roenkae en Pexels.com

Hoy vemos que esos porros universitarios tomaron el poder con la intención de no soltarlo jamás. Vemos que el presidente fue un fósil que en cualquier universidad hubiera sido expulsado por no concluir en tiempo y forma con sus estudios, aunado a ser acusado de ser uno de esos matones universitarios. Otros fueron líderes de los paros de 1987-88 y 1999-2000, mismos que al reventar sus movimientos fueron cooptados con becas para maestrías y doctorados nacionales y extranjeros, para integrarse al gobierno y demostrar su notoria incapacidad e ineficacia.

Mi amargura nace de haber estudiado en la UNAM, darme cuenta que la realidad es completamente ajena a su autocomplacencia y ver que lo peor que ella genera ahora destruye al país. El infierno de la ceguera.

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