El voto del narcotráfico

Julián Andrade.-

La participación del narcotráfico en la pasada elección debe ser analizada con el debido cuidado. En Sinaloa y en Michoacán los cárteles jugaron, enrareciendo el proceso y operando a favor de algunos candidatos.

Hay denuncias de amenazas y retenciones de operadores electorales del PRI en Sinaloa los días previos y el día de las votaciones, tema que documento Ríodoce. Su portada es estremecedora: “Con el apoyo del Cártel” y de balazo: “Arrasan Morena-PAS”.

En Michoacán, sobre todo en Tierra Caliente, los mafiosos decidieron quién podía contender y quién no. Una depuración previa para que los barones del narco no tuvieran contratiempos.

Más vale que los vencedores de la contienda se deslinden y con hechos de los grupos criminales. De otro modo estaríamos entrando en un camino plagado de riesgos, que ya han recorrido otros países y con consecuencias funestas para su seguridad y para su democracia.

Lo peor que podríamos hacer es dejarlo pasar, esperar que las aguas se calmen y el daño no sea elevado. Es un error pensar así, porque los grupos criminales van a exigir lo que creen que les corresponde, para empezar una pax narca en la que ellos controlen los mercados ilegales sin que las autoridades les causen molestias.

El problema con la participación del narcotráfico en la política  es que se sabe cómo inicia, pero nunca cómo termina, porque suelen corromper y someter a quienes en un principio creen que los están utilizando.

Siempre es tentador el dinero y la capacidad operativa de los cárteles, pero su ayuda siempre terminará en un regalo envenenado y en una cárcel sin salida. Lo peor que podría ocurrir es que aprendices de brujo se hayan creído inteligentes abriendo una puerta que será muy difícil cerrar.

La presencia del narco debe ser indagada.

Los narcotraficantes mexicanos, hasta ahora, han intervenido poco en política porque no les interesa o no habían considerado necesario ocuparse de ella. ¿Esto cambió? Aún es pronto para afirmarlo, pero hay datos inquietantes que se muestran en los homicidios e intimidaciones que hicieron del proceso electoral de 2021 uno de los más violentos de la historia.

Ojalá que las autoridades hagan su trabajo, para evitar que el problema crezca y, sobre todo, para garantizar la seguridad de los ciudadanos en cualquier región del país.

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