De fantasías emplumadas

Leonardo Báez Fuente.-

Es una verdad conocida por todos: Las niñas y adolescentes indígenas del sur y sureste del país son vendidas por sus padres para matrimonio, de acuerdo con sus usos y costumbres ancestrales.

Esta conducta notoriamente delictiva y contraria a la prohibición constitucional de la esclavitud no solía ser tocada por nadie por ser uso y costumbre común entre las comunidades indígenas (y las no tan indígenas, también) de las sierras sureñas.

Esta asquerosa situación para las indígenas no sólo no fue perseguida sino que desde la reforma constitucional derivada del conflicto chiapaneco se volvió imposible de atacar dado que al consagrarse los usos y costumbres indígenas como derechos fundamentales, las autoridades decidieron omitir investigar, perseguir y castigar esos delitos de lesa humanidad.

Estas reformas inútiles y perjudiciales fueron creadas por la gente de la “izquierda” nacional, con base en los estudios absurdos del antiguo Instituto Nacional Indigenista, hoy Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas, mismo que ha servido para mantener a dichos pueblos en una exhibición zoológica y no para integrarlos a la vida del país, supuestamente “preservando” sus formas de vida ancestrales;  es el Apartheid nacional para que no sean parte de la población nacional y se integren a la dinámica del país.

Esta repugnante visión nace de creer que el sistema de castas colonial sigue vigente al distinguir de un modo u otro quién es indígena y quién no, siendo que ni en el virreinato funcionó el sistema más que como anécdota pictórica. La idea de crear una segregación entre indígenas y los demás miembros de la población nació con la agenda del Maximato y fue preservada como bandera del cardenismo y del priismo.

Estos politicastros nunca han tomado en cuenta que la población nacional es eminentemente mestiza en múltiples grados y que segregar a los indígenas como animales en zoológico sólo logró hundirlos en la miseria más atroz. Esta visión de “proteger sus usos y costumbres ancestrales” es la carta fuerte de todas las universidades nacionales, haciendo que se mantenga un racismo disfrazado de buenas intenciones y sostenido por una burocracia indigenista que ruega que la segregación jamás termine.

Ahora que gobiernan los porros de Ciencias Políticas, que siempre han creído las mentiras indigenistas y los mitos de los “ancestros nacionales”, llevando a cabo celebraciones de “perdón y desagravio” y exigiendo que España se disculpe por la conquista de los mexicas, se demuestra que son incapaces de ver la realidad cuando se les expone ante sus ojos: Las mujeres indígenas son víctimas de la esclavitud con otros indígenas. Pero como López se niega a verlo y dice que no es cierto, se esperan tiempos muy malos y negros para todas ellas.

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