Gobernar es amar

Raúl Flores.-

Este artículo originalmente se iba a llamar Gobernar no es odiar, al escribir me di cuenta del despropósito : la vida no se asume desde la negatividad, un budista diría que así se forja el karma.

La historia del pensamiento político es la historia de las formas de gobierno, de las formas de ejercer el mando, dirige en favor de los gobernados aquel que se somete al imperio de la ley y aquel que gobierna primero sus pasiones y deseos.

Siempre lo he asumido, es un problema escribir de política, pues todo mundo habla de ella, todo mundo la “domina” sin reparo de cómo manejan sus propias vidas, pensamientos y pulsiones. No digo esto como moralista, sino desde la visión ética.

Regresando a la idea de que el gobernar es amar, podemos afirmar que los mejores gobernantes de la historia universal, aquellos que se diferencian de los tiranos han sido y son mujeres y hombres que aman servir a su nación y a la humanidad y esta no es una idea “hippie” o ingenua, es inevitablemente producto de una educación, es una convicción, un carácter excelente, es prudencia y nunca obra de la casualidad .

Puede sonar raro, pero nos hemos equivocado, pues en México hemos obviado el enorme detalle de ser y estar preparados para asumir el poder, el derecho de votar y ser votado ha sido ejercido de manera cada vez más desviada, como si fuera cualquier cosa y no (como lo es), asumir las responsabilidades y obligaciones que implican los honores del Estado, por ello vemos el desfile patético de aspirantes de opereta que sufrimos a diario los electores y la población en general.

Basta tener nariz u ombligo para aspirar y realizar así el narcisismo, obvio contando con recursos y conexiones o de plano suerte. Nadie es cuestionado sobre qué propone, o si sabe que gobernar es estar sujeto al escrutinio de los órganos de control y aún más, del juicio de las y los gobernados.

El ejemplo es importante, desde hace ya muchos años de historia patria los cargos más importantes, presidencia, gubernaturas, son testimonio de por qué el poder público significa malamente para la población en general dinero, poder desnudo, abuso y opacidad. Quien quiera transformar, revolucionar, cambiar y avanzar en favor de la comunidad, debe amar y tanto que debe renunciar al control absoluto y aceptar hacer gobierno con contrapesos, con sujeción y a la ley, con crítica y con transparencia.

Gobierno sin los “amigos”, los familiares, los consejeros interesados, las ideologías, los prejuicios, los miedos y muy importante, olvidando las afrentas. Entender que cumplir al país es solo posible cuando se trabaja con respeto a la Constitución y practicando en todo la decencia.

Martín Luther King decía bien cuando afirmaba que “el odio no puede expulsar al odio: sólo el amor puede hacerlo”, vamos a cambiar nuestra historia cambiando, amando construyendo, hablando y dejando hablar, respetando y sin imponer “verdades”.

No juguemos el juego peligroso de la polarización para el control, pero sí en cambio hagamos, amemos y realicemos a como máxima aspiración a la República, a nuestro México, a la casa común.

Vamos a hacernos dignos de llamarnos y ser ciudadanos.

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