De las puertas cerradas

Leonardo Báez Fuente.-

Leyendo hace poco las clasificaciones de las generaciones más recientes, me encuentro que por el año de mi nacimiento pertenezco a la llamada Generación X. Sin embargo y cuando menos en México, esta generación debiera llamarse la Generación de las Puertas Cerradas. Ahora explicaré el porqué del nombre que ahora señalo.

Los que nacimos en la década de los 70 del siglo XX, nos encontramos que nacimos en las peores épocas de crisis económicas que había sufrido el país desde el cardenismo, nunca nos tocó ver los resultados y las mieles del desarrollo estabilizador; nos tocó vivir como la educación mexicana que anteriormente era coto de los intelectuales del régimen priista, pasó a manos de los burócratas sometidos a los caprichos del sindicalismo magisterial que destruyó los esfuerzos de crear educación de calidad, por ello salimos con notorias carencias de formación que se prolongaron hasta la formación universitaria (misma que se autodestruyó después de 1968).

Cuando entramos al mercado laboral, nos dimos cuenta que se encontraba saturado y las posibilidades de ascenso en el ambiente empresarial y burocrático estaban cerrados a las nuevas generaciones por las viejas. Creímos que la apertura del salinismo iba a ser la solución al estancamiento y crisis de los años 80 y fuimos brutalmente decepcionados porque sólo creó un capitalismo de amigos, siendo que las nuevas generaciones no teníamos participación en el banquete, ni para limpiar las migajas.

Vimos cómo se cerró el financiamiento en los 90 para cualquier tipo de proyectos y como nos volvimos una generación sin alma, puesto que ni nos desarrollamos como fuerza laboral, ni como fuerza creativa, sólo somos simples supervivientes en una esclavitud brutal en donde renunciamos a los derechos en aras de preservar el empleo, volviéndonos los fieles esclavos de los jefes.

Hoy ya somos cuarentones a los que la vida se nos ha pasado esperando a que nos lleguen las oportunidades que nos cerraron las generaciones anteriores a la nuestra. Los políticos y empresarios mexicanos siguen siendo los mismos desde los años 80 y no hay un relevo generacional puesto que los que debiéramos ser los sucesores fuimos las macetas que nunca pudimos pasar del proverbial corredor. No hemos tenido ni el valor, ni la audacia, ni la fuerza para tomar nuestro lugar en la historia y reventar las puertas que nos separan del bienestar. Somos los peones de un infierno que no tiene salida.

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