Aguililla, la persistencia del miedo

Julián Andrade.-

En Aguililla, Michoacán, los pobladores no conocen el reposo. La extorsión se convirtió en principal negocio de una de las organizaciones criminales más siniestras: Los Caballeros Templarios.

En 2013 cobraban cinco mil pesos para dar protección a cada negocio, implantaron un régimen de miedo y zozobra donde las autoridades municipales y estatales estaban pintadas o a su servicio.

Era una situación de vasallaje en el que todos estaba en peligro, en particular las mujeres y las niñas. Los Templarios organizaban fiestas y pedían servicios que no pagaban. A un tortero le quedaron a deber 50 tortas y así por el estilo. Aunque claro, lo más radical eran las desapariciones y los homicidios.

Los ciudadanos estaban a merced de los maleantes, al igual que los propios trabajadores municipales y los policías. Era inútil acudir al ministerio público para denunciar delitos.

Por eso surgieron las autodefensas, en parte financiadas por los mineros, pero animadas por la desesperación. En el Naranjo de Chila se conformaron los primeros grupos y con una paga semanal de mil 500 pesos. Llegaron a ser cerca de 300 integrantes y lograron expulsar a los Templarios.

Para mala fortuna, a estos grupos se integraron Los Viagras, organización también delincuencial, pero que tenía un pleito jurado con los Templarios y la Familia Michoacana. Era el fruto podrido.

Buena parte de la violencia de antes y de ahora, proviene de estos arreglos, de alianzas que van y vienen, pero que en realidad son apuestas por el control territorial.

Ahora las cosas no son muy distintas, aunque quienes causan más daño a los lugareños son los integrantes del Cartel de Jalisco Nueva Generación (CJNG). Es como el cuento, o más bien la pesadilla de nunca acabar.

 Hace unas semanas, el gobernador Silvano Aureoles tuvo que llagar a Aguililla en helicóptero, porque los bandidos habían destruido tramos de la carretera que va a Apatzingán, para evitar la circulación.

 Este lunes, las autoridades estatales aumentaron su presencia, pero fueron atacadas con drones. El CJNG está decidido a dar la batalla por la plaza, impidiendo la acción de la autoridades y de sus enemigos, Los Cárteles Unidos, que son una convergencia de templarios arrepentidos, Viagras y autodefensas.

Es terrible, porque en Aguililla no hay más ley que la de la fuerza, con todo lo que ello implica y, sobre todo significa en cuanto al papel del propio Estado Mexicano y su deber de dotar se seguridad a los ciudadanos.

 Ya una vez Michoacán estalló y es increíble que las lecciones no hayan servido de mucho y que se le deje a su suerte por ruines cálculos políticos.

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