Niños que deciden tomar las armas

Julián Andrade.-

Hace quince meses, niños indígenas de la Montaña Baja en Guerrero, protestaron por los asesinatos en la región. No les hicieron caso y el sábado, en las conmemoraciones de 107 aniversario luctuoso de la muerte de Emiliano Zapata, decidieron tomar las armas e integrarse a la Policía Comunitaria.

Están cansados, pero sobre todo desesperados. ¿Qué tiene que ocurrir para que niños y niñas de entre seis y 11 años asuman la responsabilidad de proporcionar seguridad a sus comunidades?

Por lo pronto, cientos de asesinatos, desplazamiento forzado y muerte violenta de sus padres. Algunos de ellos son huérfanos y otros simplemente no quieren serlo.

Que los niños se armen es una derrota de la sociedad y de los gobiernos, no solo de ahora, sino de hace muchos años. Pretextos no han faltado, pero lo cierto es que las burocracias no tienen alicientes para atender a comunidades marginadas y cercadas por la violencia.

Los pequeños no pueden esperar, porque les va la vida en ello. Saben que todo puede empeorar y que es difícil que los escuchen y más aún que los atiendan.

Los integrantes veteranos de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias de los Pueblos Fundadores (CRAC-PF), son los que los capacitan, les enseñan a disparar y a salvar el pellejo cuando sea necesario, en caso de que se topen con los narcotraficantes y en particular con Los Ardillos, sujetos violentos que intentan controlar Ayahualtempa, en el municipio de Joaquín Herrera.

Ahí prevalece el cultivo forzado de la amapola, la que ha bajado su precio y detonado que los delincuentes busquen otras fuentes de ingreso, como las extorsiones.  

Las policías comunitarias responden justamente a contextos como el que ahora se agrava, donde los  pueblos indígenas son dejados a su suerte y por eso buscan la forma de defenderse.

La amapola

Estas agrupaciones armadas, que hacen la suerte de autodefensas, están reguladas en acuerdos con las autoridades estatales, pero no hay una adecuada supervisión ni acompañamiento.

Por ello es un drama que también los niños tengan que participar, porque ya se sabe que ello no traerá nada bueno. Es justo momentos como este, donde se perciben las fallas crónicas de las políticas públicas y se esboza un futuro muy negro, sobre todos si no se hace algo al respecto y rápido. Más aún porque el crimen organizado no se está combatiendo, o al menos no con la fuerza con que se hacía en el pasado.

107 años del asesinato del general Zapata, y los pequeños tienen que recordar la efeméride disparando.

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