Fix-Zamudio: el torbellino de las ideas

Julián Andrade.-

Conocí y más bien admiré al doctor Héctor Fix-Zamudio, gracias Jorge Carpizo, quien le tenía un especial aprecio.

Trate poco al doctor Fix-Zamudio y, sin embargo, me parece que fue mucho, porque era de esas personalidades que dejan huella, que su presencia siempre destaca y jamás es anodina. En su cabeza había un torbellino de ideas que cristalizaban en proyectos, en análisis, en hipótesis y, no pocas veces, en advertencias.

Por ello, en el entorno de Carpizo, resultaba imposible no estar al tanto de la obra y vida de uno de los referentes más importantes del derecho en nuestro país, un hombre sabio y culto.

Para Jorge Carpizo era un  maestro y, sobre todo un amigo. Cuando escribimos el libro Asesinato de un Cardenal, nos dio opiniones importantes y, sobre todo, consejos de esos que con el tiempo adquieren un valor especial.

Ambos juristas coincidían en un tema fundamental: Los derechos humanos y la necesidad de hacer de la institución del ombudsman una realidad para un país como México. Hay que decir que lo lograron y por ello se creó la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) en los años noventa del siglo pasado.

Fix-Zamudio era un pionero de esas causas y en ellas había llegado a posiciones tan elevadas como la  de juez y presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Doctor Fix-Zamudio, el constitucionalismo como legado

Como constitucionalista aportó mucho a los cambios que se fueron impulsando en el país en las últimas décadas y que sin duda resultaron un avance que mejoró el funcionamiento del propio Estado y propició la rendición de cuentas.

Fix-Zamudio tuvo una vida plena, deja un gran legado y por ello tareas y trabajo en el horizonte para quienes sigan su ejemplo, sobre todo desde la perspectiva académica.

Medio siglo lo pasó en la UNAM y en el Instituto de Investigaciones Jurídicas, logrado una gran producción intelectual en temas como el Amparo.

Como un relámpago me queda una imagen, y vuelvo a Carpizo, con aquella frase cotidiana: “Hay que preguntarle al doctor Fix-Zamudio.”

Ya no estará de modo físico pero nos acompañará toda su obra y, algo no menos importante, su propia biografía.

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