Si no detienen a Trump

Julián Andrade.-

Sería un grave error pensar que la intentona golpista de Donald Trump es un capítulo cerrado. Para nada lo es y las instituciones democráticas y judiciales  tienen que actuar en consecuencia.

El todavía presidente de los Estados Unidos es un delincuente y lo que hizo, al azuzar a sus partidarios para tomar el Capitolio es muy grave. Recordemos que hay un saldo de cuatro muertos en esa intentona.

Si prevalece la impunidad, puede volver con mayor fuerza y ahí  los controles institucionales quedarían a la deriva.

Hay que tener presente que el arraigo del trumpismo es poderoso en grupos radicales, de índole ultraderechista y hasta neo nazis.

Estos conglomerados no son demócratas y no se les puede tratar desde la óptica tradicional de la competencia, por el simple hecho de que ellos no creen en las instituciones y tienen una ideología anclada en aberraciones del pasado.

Acaso por eso, Nancy Pelosi, la líder de la Cámara de Representantes,  está empeñada en lograr la destitución y con ello impedirle a Trump que participe en política como candidato a un puesto de elección en el futuro.

Nancy Pelosi. Foto: Gage Skidmore

Estos días serán claves para el futuro de Estados Unidos, donde se tiene que trabajar en la reconciliación, pero al mismo tiempo mostrar los límites que no se pueden rebasar desde la lógica democrática, donde uno de ellos es precisamente el del respeto a las reglas y entre ellas las de los procedimiento electorales.

Estados Unidos está herido y las huellas de estos años es profunda. La división como método de gobierno genera daños en la sociedad que son muy altos y difíciles de arreglar.

Para Joe Biden resultará imperativo encauzar el diálogo, los resortes sociales de la convivencia, inclusive en los grupos que respaldaron a Trump pero son demócratas.

En el propio partido Republicano, personajes como Mike Pence, el actual vicepresidente, puede ser un puente para restaurar los puentes institucionales con los sectores conservadores y con la derecha que apoyó a Trump, pero no estuvo muy convencida de sus horizontes y procedimientos.

Personajes como Trump aprovechan a la democracia para destruirla o debilitarla. No es un juego y ya quedó.

Si Trump volviera, sería costoso para la democracia y nadie podría llamarse a sorpresa. Pocas veces las coyunturas permiten actuar de modo preventivo y esta es una de esas ocasiones.

Otras generaciones, sobre todo las de los años treinta, no tuvieron esta oportunidad y cuando trataron de actuar contra el  avance  de los  tiranos ya era demasiado tarde y ello lo pagó  la humanidad entera.

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