La marihuana que no fumó Nixon

Julián Andrade.-

Es un paso trascendente el de la reglamentación de la Marihuana para permitir su uso lúdico. La mayoría que se construyó en el Senado fue amplia ( 87 votos)y da cuenta de un cambio de paradigma y de que las ataduras del pasado, al menos en ese tema, se van dejando atrás. Era un despropósito el no hacerlo, y más aún a la luz de lo que ocurre en los Estados Unidos.

El dictamen se envió a la Cámara de Diputados, pero es poco probable que no avance en sincronía.

Lograr esto no fue sencillo, porque la cultura de la prohibición es poderosa y se desenvuelve bajo esquemas morales que son difíciles de transformar. El PAN por eso votó en contra.

Desde los años setenta, cuando Ricard Nixon declaró la guerra a las drogas, nuestro país ha pagado un alto costo para impedir la producción y el trasiego.

En Estados Unidos había verdaderas epidemias por el uso de la marihuana, semejantes a las del opio en China y tomaron la peor de las decisiones, porque las restricciones nunca funcionan y suelen traer aparejados daños colaterales, como los del narcomenudeo y la violencia que lo acompaña para hacerse del control de las calles donde se vende el producto.

Foto: Priscila Dramisino en Pexels.com

Pero la gran desgracia cayó en los países productores. Las vidas perdidas de policías, militares y ciudadanos se cuentan por miles en un afán tan insistente como inútil, porque tarde o temprano se aceptaría el uso de algunas drogas, como ya ocurre con el tabaco y el alcohol.

Además, la prohibición a quien más conviene es a los propios grupos criminales, que requieren de la continuidad de los mercados ilegales.

Uno de los argumentos contra las reglamentaciones más permisivas de las drogas y en concreto la mariguana, sostiene que ello no incidirá en los niveles delictivos ni en la persistencia de la violencia. Tienen razón en parte, porque las disputas criminales continuarán, porque el negocio ahora está en otras drogas, como las de diseño, y en la trata de personas, el robo de autos y la extorsión.

Lo que sí ocurrirá, es que el consumo de la mariguana no entrañara conflicto alguno y se alejará a los consumidores de círculos delincuenciales, garantizando así su seguridad.

Esa es la clave, desterrar la criminalización para avanzar en la prevención de la salud.

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