¿Todo es un desastre? Culpemos a Salinas

Julián Andrade

El presidente Andrés Manuel López Obrador le dijo a Epigmenio Ibarra, en una entrevista, que la 4T se trata de una revolución. Las revoluciones necesitan de enemigos.

La narrativa requiere de un ajuste de cuentas severo con el pasado, donde no cabe la idea de que la alternancia en el poder es producto del sistema democrático. Ganaron y de modo contundente, pero tiene que haber algo chueco, una trampa.

El triunfo de López Obrador tiene que ser visto como la etapa cumbre de un largo peregrinar, de agobios, amenazas y de estrecheces, aunque todos sepamos que el dinero público, el que recibió del PRD primero y Morena después, aceitó la marcha hasta la victoria.

Son 20 meses de gobierno y muestran ya un desastre profundo en cada una de las áreas de la vida pública: la élite burocrática echada de sus caragos para colocar advenedizos, más baratos, pero menos preparados, la Policía Federal destruida, el Seguro Popular cancelado para sustituirlo con nada, porque eso es el INSABI.

El sistema de Salud, por tanto, colapsado desde antes de la irrupción del Covid-19. La economía en niveles que solo reflejan las guerras.

Pero hacía falto algo, un castigo ejemplar para lo que salió mal y que mejor receta que buscar responsables de la incapacidad de gobernar del presente, en quienes tuvieron la responsabilidad de hacerlo durante tres décadas.  

Que mejor que los expresidentes, símbolos de los malos hábitos y responsables de que la llegada de luz se demorara por dos sexenios.

El diputado Porfirio Muñoz Ledo señaló, inclusive, que “no castigar a Carlos Salinas será un fracaso histórico, no puedes jugar con fuego, amenazar y luego retractarte”. Se lo dijo a Azucena Uresti, en Radio Fórmula.

¿Cree eso? ¿Se suma al coro de alabanzas? ¿Tiene pruebas de algo que vaya más allá del agravio que significó que su corriente fuera desplazada en el PRI en tiempos de Miguel de la Madrid?  Imposible saberlo.

Carlos Salinas de Gortari

El senador Ricardo Monreal, otra voz hasta ahora sensata, afirma que impulsará la consulta. Es más, afirma que Morena podría aprobarla desde el legislativo. Pocos políticos conocen tan bien las herramientas de venganza del sistema, porque las padeció en carne propia, pero se está sumando a una lógica similar, aunque sea discursiva.

Quizá uno de los daños mayores de estos dos años de gobierno radique en el envenenamiento de la conversación pública, en la promoción de la división y del desmoronamiento del debate democrático.

Todo se vuelva blanco o negó y ello no suele traer nada bueno.

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