El Marro: Los gallos y las carnitas

Julián Andrade

Entre la Telesecundaria 104 y unos puestos de carnitas, se encuentra el que resultó el último refugio de José Antonio Yépez “El Marro”. Se escondía en Franco Talavera, una pequeña comunidad en el municipio de Santa Cruz, en Guanajuato. Dentro de la finca, el líder del cártel de Santa Rosa de Lima,  tenía un corral de gallos. Las fuerzas de seguridad también rescataron a una mujer, empresaria, que se encontraba en calidad de secuestrada.

“El Marro” andaba a salto de mata desde hace unos meses. Tenía poco margen de operación y sus recursos ya escaseaban. La Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) le había asegurado, hasta este viernes, 99 cuentas bancarias, incluidas las de sus abogados. El monto de sus inversiones está por determinarse, pero en 2019 las cuentas ascendieron a los 38 millones de pesos.

Hace semanas, fueron detenidos la madre, el padre, la hermana y la prima de El Marro. El gusto duró poco, porque los jueces no encontraron elementos suficientes para que se quedarán en prisión y esto inclusive generó roces entre el gobierno de Guanajuato y la Fiscalía General de la República.

Pero aquello no quedó ahí, y sobre todo porque en el mundo criminal se juega con otras reglas, y el abogado de los parientes del líder del cártel de Santa Rosa, murió en un accidente automovilístico, producto de una volcadura,  cuando huía de pistoleros que tenían la misión de terminar con la vida de sus clientes, quienes por seguridad habían cambiado de vehículos y no pudieron ser detectados.

Ese día quedó claro, para “El Marro” que el mayor riesgo que corría era ser atrapado o asesinado por sicarios de su enemigo declarado: Nemesio Oseguera “El Mencho”,  jefe del Cartel de Jalisco Nueva Generación.

El domingo temprano lo detuvieron autoridades federales y estatales. El gobernador Diego Sinhue Rodríguez hizo el anuncio por Twitter y minutos después lo replicó Alfonso Durazo, el secretario de Seguridad.

La detención de El Marro es importante, porque era uno de los generadores de la violencia en Guanajuato, además, su grupo criminal había mutado a actividades distintas a las del huachicoleo, ocupándose de extorsiones y, por lo visto, secuestros.

Es de esperar que las averiguaciones en su contra estén debidamente integradas, para que se quede por mucho tiempo en el penal de Máxima Seguridad de El Altiplano, donde se encuentra recluido.

Ahora el reto es no permitir que los rivales de El Marro tomen el control de sus negocios y del territorio en el que actuaba. Es una misión nada menor y que requerirá de coordinación e inteligencia, de no aflojar el paso contra otros objetivos y de revertir la impunidad, la de antes, por supuesto, pero también la de los últimos 20 meses.

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