Ricardo Anaya, la investigación que se desvanece

Julián Andrade.-

Ricardo Anaya no se presentó a la audiencia inicial en la que conocería el alcance de lo que se le imputa. En el corto plazo la FGR obtendrá una orden de aprehensión en su contra y se convertirá en un prófugo de la justicia.

¿Alguien puede culparlo de no acudir a los juzgados? Los fiscales, con una alta cuota de cinismo le dijeron al juez que el ex candidato presidencial del PAN no tenía voluntad alguna de enfrentar las acusaciones en su contra.

Juegan, por ahora, con el tiempo y el poder en su favor, y quizá piensen que ello se puede prolongar por mucho tiempo. Tengo mis dudas, porque tarde o temprano se tendrán que topar con las decisiones definitivas del Poder Judicial respecto a ese asunto.

El abogado de Anaya señaló que no había tendido contacto con su cliente en las últimas horas y que ignoraba el motivo de la inasistencia.

El juez se cansó de las posposiciones y dio la vía libre para que la FGR soliciten lo que les corresponda y ello será la orden de aprehensión, a la que le seguirá la ficha roja de Interpol.

Las implicaciones de esta situación son muchas. La primera, por supuesto, es que Anaya no será candidato a la presidencia en el 2024. Sabe que si regresa al país sería detenido y encarcelado y los fiscales harían todo lo posible por dilatar la sentencia.

Pero si no lo detienen vivirá en una especie de exilio bastante complicado, sujeto siempre a las inclemencias de la política, a las incertidumbres que ello conlleva, a un peregrinaje continuo.

Podría dar un paso adelante y solicitar refugio por motivos políticos. Si se encuentra en Estados Unidos seguramente le darían entrada a la petición y sería interesante atestiguar lo que puede ocurrir.

Quizá por la vorágine que estamos viviendo no valoramos, de forma cabal, el significado que tiene que un líder opositor se encuentre en semejante situación y que ello sea producto de un mitómano y corrupto confeso: Emilio Lozoya.

Anaya está acusado de recibir un soborno de 6 millones 800 mil pesos para que aprobara la Reforma Energética. Es decir, para convencer a los integrantes del PAN de algo de lo que estaban convencidos desde siempre.

Además, hay una contradicción acaso insalvable entre los expedientes de Lozoya y los de Anaya.

El ex director de Pemex acaba de ser acusado en solitario y solo acompañado de su madre, por los sobornos que obtuvo de Odebrecht. Esto es, para la FGR no hay indicios suficientes para extender los señalamientos a otros actores políticos en esa trama.

Será muy difícil sostener que Lozoya sobornó por su cuenta y a cargo de su propio bolsillo, por sucio que este fuera. En los hechos, la investigación en contra del ex líder del PAN ya no tiene mucho de dónde agarrase y más bien se desvanece. El problema es que la fobia en su contra, de quienes ahora tienen el poder, parece tanto o más evidente que hace unos meses.

Son tiempos difíciles para la democracia mexicana. Las acusaciones contra Anaya son solo una pieza de una construcción mucho mayor y que se perfila día con día.

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