De la mancha voraz

Leonardo Báez Fuente.-

En un sábado del año de 1997 fui a almorzar a casa de mi papá. Al terminar le dije que me retiraba porque iba a casa de mi novia y que desde Anzures hasta allá era un viaje largo para un estudiante sin recursos y atenido al transporte público.  Mi padre me preguntó hasta donde iba y le dije que me prestara su Guía Roji para indicarle donde era la Colonia Ex Ejido de San Francisco Culhuacán. Me pasó un antiquísimo ejemplar de 1975; cuando abrí el mapa en vez de encontrar la colonia, topé con una notable sorpresa: En ese año la colonia era la ladrillera del Ejido de Culhuacán.

Todo lo que narro tiene una razón: La explicación de la explosión demencial del crecimiento de la mancha urbana del Valle de México que en menos de cuarenta años se expandió brutalmente absorbiendo los poblados y ejidos conurbados con una facilidad arrolladora.

Sí volviéramos a ver el plano de la ciudad en 1970, se podía apreciar un crecimiento de la mancha urbana relativamente controlado. Fue a partir de la Docena Trágica y sus continuaciones absurdas que el Valle de México se volvió la mancha urbana destructiva que es al día de hoy. Todo empezó con la defenestración de Ernesto P. Urruchurtu de la entonces Jefatura del Departamento del Distrito Federal orquestada por Echeverría como Secretario de Gobernación, acusándolo de no tener “sensibilidad social” al hacer que durante años hizo: expulsar con mano de hierro a todo tipo de despojadores e invasores de terrenos.

Los populocos (populistas aliados con la locura) de los años 70, crearon el monstruo de las “Organizaciones Populares” cuya finalidad siempre fue apropiarse de cuanto inmueble les gustara para formar “colonias populares” y exigir a las autoridades no sólo que no ejercieran las acciones penales en su contra por los delitos de despojo que cometían, sino que se les otorgaran los servicios públicos a cargo de los contribuyentes.

Lo que causaron fue que no sólo dentro de los confines del entonces Distrito Federal, sino que con las amplias mangas de las municipalidades conurbadas, se poblaran de manera incontrolada asolando todo a su paso. Destruyeron cerros, bosques, mantos acuíferos, reservas naturales, campos de cultivo, milpas, derechos de vía, derechos de propiedad y todo a cambio de votos a favor del PRI y prebendas a los líderes.

Lo que hoy vemos es el resultado de años de ejercer la política del avestruz, el problema existe y las autoridades por no ejercer sus facultades se escondieron en múltiples escusas para no hacer valer la ley. Urruchurtu era durísimo, pero dejó una ciudad moderna y ordenada tras de sí. Los subsecuentes desgobiernos optaron por comprar votos y popularidad en vez de resolver los problemas que hoy están estallando cada vez peor en el Valle de México. La delincuencia, el daño ambiental, la impunidad, el desorden y la dejadez siguen pasando factura a los habitantes del Valle. Sepa Dios cuando se resolverá.

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