Las redacciones y las navidades

Julián Andrade.-

Las fiestas navideñas y de fin de año, suelen implicar pequeños desafíos en las redacciones de los diarios. El equipo suele reducirse a la mitad y no hay mucha tela de dónde cortar en términos informativos.

Por eso se hacen los resúmenes y recuentos, especie de almanaques de las noticias y que si uno los lee con cuidado puede encontrar algunas perlas interesantes y hasta explicaciones de lo que ocurrió y, sobre todo, de sus consecuencias.

Los márgenes de acción y de posibilidades en la Primera Plana se flexibilizan y por eso podemos encontrar ejemplares con encabezados como “Guerra en África”, “Nevadas históricas”, “Lanzan operativo para proteger a los Reyes Magos”, y así por el estilo.

Si llega a ocurrir algún acontecimiento relevante, este acaparará la atención y se le explotará en sus más recónditas posibilidades. Perfiles, gráficas, crónicas y todas las notas que sean posibles.

La noche buena de 1985 ocurrió un espectacular robo en el Museo de Antropología e Historia en la capital del país. Se sustrajeron 140 piezas de las salas Maya, Oaxaqueña y Mexica.  Aquello significó un impacto tremendo y se hicieron toda clase de hipótesis. Aún recuerdo el impacto que me causó la portada de La Jornada, que era el diario al que teníamos suscripción en la casa.

Con el paso de los años se descubrió que los autores del robo eran dos jóvenes y que no tenían experiencia alguna en sustracciones como la que realizaron, sino que aprovecharon las enormes fallas de seguridad.

El 22 de diciembre 1997, un grupo paramilitar asesinó a 47 indígenas en Acteal, Chiapas. Las víctimas fueron en su mayoría mujeres y niños pertenecientes a la comunidad de Las Abejas. El La Crónica de Hoy, quienes estaban cubriendo la guardia de esos días de asueto, entendieron la gravedad de lo ocurrido, informaron con detalle al director y la historia se colocó con toda la relevancia del caso. 

Pero las fiestas decembrinas también son momentos para textos que, por su amplitud no encontraron posibilidades en el ajetreo de del día al día, en el vértigo cotidiano en el que lo urgentes casi siempre desplaza a lo importante.

Con las revistas semanales o mensuales sucede algo similar. Recuerdo que estando en secundaria, esperaba las piezas de fin de año porque siempre contenían temas interesantes, la magia de los editores para seducirnos.

Quizá por eso siempre me han gustado los días apacibles de las últimas semanas del año en las redacciones donde he colaborado.

Quitando el susto de la Primera Plana en blanco, en las juntas se dan sorpresas y ocurre esa especie de milagro pequeño, que es ordenar el caos informativo para hacer una propuesta periodística que tenga sentido y, sobre todo, que interese a los lectores, que sin duda los hay y suelen agradecer que las cosas se hagan bien.

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