El FBI en la carretera del terror

Julián Andrade.-

En los alrededores del kilómetro 26 de la carretera Monterrey-Nuevo Laredo desaparecen personas. No es un caso nuevo. Hace 10 años, en esa ruta, Alejandro Alonso Baca, un ingeniero en sistemas fue secuestrado por los Zetas. Sus familiares aún lo buscan.

El colectivo Todos Somos Uno también ha alertado sobre la situación y las carpetas de investigación y que tan solo entre 2020 y 2021  ya llegan a 70.

Hace unos días, la Fiscalía de Tamaulipas atrajo 48 carpetas de investigación iniciadas en Nuevo Laredo y que consignan la no localización de choferes, taxistas, operadores de tracto camiones y obreros. Nadie se salva.

Hasta ahora no existe una explicación muy clara de las motivaciones criminales para realizar estas acciones, pero es probable que tengan que ver con la logística de los bandidos, que suelen terminar con la vida de quien se cruza en su camino y es testigo del trasiego de drogas e inclusive de personas.

En redes sociales se han difundido vídeos de momentos en que los autos o los camiones son robados, lo que es otra línea en las indagatorias.

Esa carretera es muy importante en términos logísticos, porque es una de las vías de comunicación de Nuevo León hacia la frontera con Estados Unidos, pero pasando por Tamaulipas.

Hace unas semanas, escribí en Etcétera un texto (https://www.etcetera.com.mx/opinion/la-carretera-del-terror/ ) en el que comparé esa ruta con una especie de triángulo de las Bermudas. En realidad es algo mucho peor y por todo lo que está en juego y en particular la vida de las personas y las vulneraciones a los derechos de libre circulación en condiciones de seguridad.

Eso es lo que está en juego, el control mismo del territorio, ya que las autoridades de todos los niveles, no han podido detener la dinámica criminal a pesar de los operativos realizados y que ya es una preocupación inquietante.

El 13 de julio, Gladys Pérez Sánchez y sus dos hijos  de 16 y nueve años de edad, viajaban por la carretera después de haberse reunido con familiares en Sabinas Hidalgo, Nuevo León. Se dirigían hacia Texas, de donde son originarios. Como ya no se supo de ellos, inclusive el FBI está colaborando para tratar de localizarlos.  

Es más, los agentes norteamericanos, radicando en San Antonio, Texas,  pusieron un teléfono a disposición para quién pueda dar información sobre su paradero.

Una espiral de terror, y que alarma por todos lados.

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