Un servicio involuntario a la República

Raúl Flores.-

El buen ciudadano es aquel que no puede tolerar en su patria un poder que pretende hacerse superior a las leyes.

Marco Tulio Cicerón

A sólo tres días del 6 de junio, día de las votaciones en México, es posible valorar los resultados y efectos de la elección, unos esperados, otros inesperados y muchos desesperados. Y lo escribo no sólo como un juego de palabras, sino como la diversidad de estados de ánimo que se aprecian en el panorama político y social de nuestro país.

Los actores políticos nacionales buscan convencer a la comunidad de que resultaron vencedores, todos como nunca perdieron y ganaron “carro competo” una de las frases más socorridas de nuestra tradición política está vez no puede ser usada en ningún ámbito y ¡qué bueno! Porque la república es la forma de gobierno que modera y genera contrapesos al poder.

Entre los resultados están los que evidentemente son producto de la voluntad popular, algunos viciados por presiones de las partes oscuras, que no ocultas de nuestra realidad y otros muestra de la gran y libre participación ciudadana, todos requieren un análisis objetivo y detallado.

Pero quiero abordar los otros factores, los involuntarios, los que se causan desde el poder y su concepción y discurso, por su afán de prevalecía y control. La obstinación de ser “el alfa y el omega “de la vida política de este país, apoyado en la falacia de la simplificación y “efectividad “de las decisiones concentradas en una sola persona. El mando imperioso del Uno.

El Presidente ha hecho un servicio involuntario e indeseado a la República. Gracias a su afán intervencionista, a su ataque a las instituciones autónomas, primerísimamente  al INE, dado que lo que no controla lo rechaza, a su intolerancia pues.

Esa actitud despertó y alertó a una parte de la sociedad, la movilizó y se logró un récord de participación electoral para un proceso intermedio del 52. 5 %, gracias a que la gente (como debe ser en una nación democrática) utilizó su voto para expresar su rechazo a la posición presidencial.

El representante legal y formal del Estado Mexicano no aguanta la idea de no ser él mismo quien protagoniza cada episodio de la vida nacional y eso se vuelve casi patológico siendo de un proceso electoral del cual no fue candidato formal, pero desde el poder casi omnímodo de la presidencia se erigió en contendiente, moviendo hilos y recursos, amenazando y torciendo brazos y voluntades. Y paradójicamente haciendo otro servicio a la República pues libró a la oposición de un gran número de ““encarcelables” y obligando a presentar perfiles más pulcros y empáticos (palabra también proscrito desde el poder por cierto).

El presidente López Obrador

A reserva de abundar en otras entregas hablaremos del último servicio involuntario a la República hecho por el “Señorpresidente” como lo escribió y describió el gran José Emilio Pacheco en su, libro Las Batallas en el Desierto, la recuperación de los valores y conceptos de la forma de gobierno republicana, “moderar al poder “, “contrapesos”, “libertad”, “participación en la cosa publica”, “Constitución “, “estado de derecho “Resistencia a la opresión “, “libertades de prensa y expresión“,”peso del Congreso”, dejaron de ser cosas asumidas o normales y de la nuevo se convirtieron en bandera y lucha de los ciudadanos “.

Por esos servicios involuntarios, no voluntarias gracias Señor presidente.

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