¡Felicidades!

Nav Melech.-

Nos sentamos frente al televisor; con las palmas húmedas y la mirada seria, mudos por el sentimiento desconcertante de nuestro corazón. Todos en silencio, esperando lo peor; suspirando fuertemente y con miedo en el pecho.

En el televisor se escucha la voz del presidente electo, Biden: “… A day of history and hope. Of renewal and resolve.”. De pronto sentí un golpe en el pecho; mi sonrisa se escapaba por un campo de violetas infantiles – que creía perdido en el andar de mi juventud-. La mano de mi hermana apretó la mía. Nos mantuvimos en silencio; mi hermana contuvo un mar de lágrimas, hasta que lentamente fueron saliendo de las perlas de sus ojos.

Las lágrimas de mi hermana me mostraron sus años de soledad. Los días bajo una luna que solía ver desde otro país; junto a los amistades y amores que la volvían parte de un sueño surrealista. Ahora después de tantos años; lejos de los brazos de mamá ella llora por la esperanza que acaricia suavemente su espalda.

La voz de Biden dice: “…Today, we mark the swearing-in of the first woman in American history elected to national office – Vice President Kamala Harris. Don’t tell me things can’t change.” Las manos aplaudiendo de mi hermana llenaron la sala de amor. Se levantó y mi corazón se detuvo de golpe. Me levanté con ella; no por las palabras del presidente, sino porque tenía que ser parte de su mirada alegre, tenía que sentir su felicidad.

Ella comenzó a reír; con una sonrisa que me recordaba a sus días antes de irse, sin miedo y alegre de la vida que la acariciaba. Antes de que ella corriera con una bandera de libertad y sueños; sin miedo a la noche lejana y las miradas contestatarias.

Mi hermana me abrazó y se aferró a esa felicidad momentánea. Bailamos a un ritmo desentendido; con la voz de un presidente de fondo, ambos retomando los años perdidos y jugando a ser niños de nuevo. Ella llora sobre mi hombro; con una sonrisa tenue y cariñosa.

Hoy no festejamos a un presidente; bailamos por el trabajo que ha caído por la frente de mi hermana y muchos otros latinos en el extranjero en forma de sudor. Festejamos por los nuevos votos que ahora representan a una nueva generación; que buscan el respeto siempre merecido.

Hoy se brinda, para olvidar las noches en soledad de mi hermana; y por todo lo que ha hecho por un país que ya la reconoce como una hija más. Hoy no nos importa el futuro; sino su sonrisa desprevenida, que nos recuerda la niña que siempre fue.

Por ti: ¡Hoy y siempre! ¡Felicidades!

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