Los militares, ¿empresarios?

Julián Andrade.-

Uno de los logros del periodo posrevolucionario fue sacar a los militares del poder político. Por eso dejaron de ser un sector del PRI y por ello Manuel Ávila Camacho terminó por ser el último mando militar en despachar desde la posición más importante del gobierno, la presidencia de la República.

Esto era necesario para darle un carácter civil a la administración pública y para alejar la perniciosa manía de los cuartelazos, que tanto daño hizo a la estabilidad y la gobernabilidad.

Las Fuerzas Armadas se profesionalizaron y se convirtieron en un referente de estabilidad, con los más altos niveles de aprobación pública.

Desde hace años, los soldados y los marinos han tenido que dedicarse a ocupaciones que no les corresponden, como las de la seguridad pública. No había de otra, y así lo vieron sus mandos.

Lo que era temporal es ahora permanente y será difícil que vuelvan a circunscribirse solo a las tareas de proteger la soberanía nacional y mantener la seguridad nacional e interior a salvo de perturbaciones riesgosas.

El fin semana, el presidente Andrés Manuel López Obrador anunció que una empresa militar administrará tres tramos del Tren Maya y los aeropuertos de Chetumal, Palenque y Tulúm (que próximamente iniciará su construcción), lo que se sumará a las tareas que ya tienen en la edificación del aeropuerto Felipe Ángeles.

Al margen de la visión militarista que esto entraña, no es una buena idea y a quien terminará por afectar es al Ejército.

Como en tantas otras cosas que incidirán en el futuro del país, no se hacen los análisis ni los estudios para tomar este tipo de decisiones. El presidente está convencido de que esa es la ruta adecuada y no cambiará de opinión al respecto.

¿Se consultó a los generales?¿Se pidió una opinión de sus centros de reflexión y de estudio? No lo creo. Así como no quieren ser policías, tampoco les interesa fungir como empresarios.

Ceremonia de destrucción de armas en el Campo Militar Uno. Foto: El Bastión de Papel

Lo inquietante  es que se están añadiendo presiones y responsabilidades a instituciones  que son vitales para la estabilidad y la gobernabilidad democrática.

Desde hace años los militares han estado orgullosos de su separación de los dimes y diretes de las distintas burocracias, porque ello les permitió colaborar, de modo adecuado, con el proceso de transición a la democracia.

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